1/4/09

desear

Hacía sol.
Recordó el pasado: el tiempo pasado. El tiempo gramatical pasado. El de las historias.
Volvió la magia, con esa humildad emocionante de dios niño.
En susurros: aún nos atrevemos a desear más. Se levantó y se volvió a acuclillar. Luego se arrodilló y metió la nariz en la tierra. El cielo aún estaba enrojecido al anochecer, las venas hinchadas en ese ojo inclemente. No, no, no. En susurros.
Más. Un poco más. Aún la tensión no ha cecido, aún hay un temblor de terremoto, de dinosaurio que se remueve, y esos anochecheres rojos.
Un poco más, deseamos. Un poquito sólo.
Una brisa de paz, de flojera, de abandono. Que vaya todo bien. Y no nos olvidemos del dinero, que hace un sonido inquietante y molesto cuando es demasiado poco. Y no nos olvidemos de esto, ni de lo otro. Ni de las noches del cielo rojo... ése es el título de una novela de Burroughs que leí muy joven. No entendía nada, pero ah, me encantó.
Hacía sol. Leía en un merendero. Olía a crema bronceadora y de fondo oía las voces de mis tías entre el susurro de los avellanos.
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