25/2/12

Ven resplandores de colores en el cielo. Verde, rosa. Se oyen explosiones. Piensan que quizá algún almacén se ha incendiado.
Llueve como si nunca fuera a dejar de llover y todo el mundo se resguarda del frío en sus casas. Ni siquiera hay tráfico.
Ponen una chaqueta al bebé y suben en zapatillas al desván.
Desde allí, sobre los edificios aplastados por la humedad, la ciudad extendida como un charco, ven los fuegos artificiales que nadie parece tirar para celebrar ninguna fiesta, que nadie parece observar, aplaudir. Ningún murmullo de admiración.
Todo el mundo encerrado en sus casas y los fuegos solos sobre la ciudad entumecida.

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