30/1/14

no era yo

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Le expliqué que no era yo. Se lo dije sonriendo, con naturalidad, como si me hiciera gracia una confusión tan tonta. Total, ya sabía que me lo iba a decir. Ni me enfadé ni nada. ¿Por qué iba yo a dejar que un tipo que no conocemos de nada me llevara agarrada por la cintura? ¿Besitos en el cuello? ¡Santocielo! A quién se le ocurre. Se lo repetí varias veces, mirándole a los ojos. Que si yo le digo que voy a una cena de trabajo con mis chicas es que voy a una cena de trabajo con mis chicas y luego a bailar un poco. Luego me asusté al ver a qué podía conducirnos una confusión tan estúpida. Pero no sirvió de nada: es terco como una mula. Dice que está tan seguro de que era yo como de que soy una maldita puta. No hay nada que hacer. Está empeñado en que era yo y nada le hará cambiar de idea. Sabía que por más que se lo repitiera él no me creería a mí. No confía en mí. Así de claro. Ya me lo había imaginado, que no me iba a creer. Y se lo dije al tío, que me soltara, que se había dado cuenta de que era yo.
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