27/9/15

Sigue sin nombre


No me gusta otra lengua que la mía. Las demás me hacen gracia, es todo, como habla de salvajes o juego de niños.

El sol estalla en la niebla.

Piedrecitas mojadas y flores sin tallo.

Soplo un diente de león para ti, mi niño de aire.

El niño del aire. El niño que sonreía solo con los ojos nació. Ocho años hace.

Cómitre, loco, traspasamos la barrera del sonido.

Cómo de tierna brota la verdura.

El silencio monta el día como si fuera nata.

Es urgentíííísimo relajarse.

Qué ternura. La abrazaría si no estuviera enfadada conmigo.

Ya ha ocurrido. Caen pájaros pequeños.

Y me asalta de pronto la inquietud con un alfiler muy fino.

Donde la heroína es tan seria que el mundo se detiene como en el cinematógrafo.

Donde la huerfanita entra en una casa de mala nota y recibe sopa caliente.

Ira, herida encerrada.

Hay por ahí virtuosos de la moral, que manejan cinco y hasta ocho a la vez.

Para disipar mis dudas sobre moralidad, me disipo.

Noche sin resplandor de ciudad. Noche de solo luna.

Soy muy vergonzosa ajena.

Te he visto con hojas de hierba entre la barba.

Intento apresar el aire.

Si abro la boca se derramará el silencio.

Lo que quiero, en realidad, es dar una palmada y levantar los brazos.

Miedo. Un perro se yergue y camina como un hombre.

Es como si tuviera ganas de farfullar alemán.

Contemplen a Gigalexandros. ¡No! ¡Teralexandros!

Mi memoria es de 128 megas.

Algo fino como un cabello, algo invisible, amenaza el día.

Te dejo libre hasta la raya.

Te dejo libre, pero tienes que hacer lo que yo te diga.

Te dejo libre, pero mucho cuidado con lo que haces.

Es verdad. Hay estudios sobre ello.

Es verdad. Lo vi en internet.

Estoy hoy como para ciervo de quince puntas, perrillos.

Aquí, masticando chucrut. Chucrut, chucrut.

Nada hay más puro que mi dolor.

No renegaré de la alegría aunque la culpa me atraviese.

La alegría llega en pleno hielo. La reconocemos con incredulidad y agradecimiento.

No quiero que me des nombre
Porque la perfección es muerte.

Sigue sin nombre lo que yo sea.

Aparta, perro, que te ensucia el niño.

Hay un mendigo a la puerta de la tienda. Pide con la mano extendida y contiene miradas de odio a los perros mimados.

Ve pasar a los perros por la calle, acicalados, tirando de sus amitos, y siente una envidia que lo corroe. Quién fuera perro.

La vida es pérdida. El final, desnudez cegadora.

Caigo hacia el centro del remolino Y caigo hacia fuera del remolino.

Sale a fumar un hombre a la calle. Su cara es roja como la de una nécora.

No sé si lanzar serpentinas de colores o latigazos.

No arrojes tu dolor a mi puerta. Dámelo. Aquí, en los brazos.

Tengo un kilo de granadas y estoy dispuesta a todo.

Solo quiero enzarzarme, dejarme la piel, detenerme al borde de la locura.

Dejar que asiente la polvareda, llevar una canica en la boca. Quedarme quieta es mi tarea.

Ni siquiera existimos, sin memoria.


(Marzo, 2012)

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