4/6/16

Transparencia

Alguien me dijo que mi poesía era transparente. No quiero compartir el halago, sino la finura de su forma de leer, la profundidad de su entendimiento. No sé si es transparente, pero debería serlo. Es transparente la palabra cuando no entorpece la idea. Es transparente la poesía cuando brilla la idea a través de las palabras. Las palabras entonces disipan la neblina y permiten ver la verdad. Es más: permiten ver aquello que el lector ya sabe, le permiten recordar lo que había olvidado. Por eso sabe que es verdad, porque es suya, del lector.
Si las palabras están en medio, entorpecen. No digamos ya la persona, el ego: cómo oculta y estropea lo que fuera que se pretendía mostrar.  
Así, también en la prosa. Ser transparente es desaparecer como persona, que no se vean el miedo, la vanidad, el deseo de reconocimiento del autor. Ser transparente y alado es ser sólo mirada. Ser, en cierto modo, inocente. No querer ofrecer de quien mira ninguna imagen. Sólo interesarse el que escribe por lo que desea contar, no por sí mismo ni por cómo lo cuente. Ahí está. Qué difícil intentar no tener estilo. Quitarse de la foto para que se vea la foto.

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