7/11/17

Inteligencia

El hábito maestro, el que arrastraba con él todo lo bueno y hacía imposible lo malo, era madrugar. El arrepentimiento me llena. Pero el arrepentimiento es pura arrogancia: oh, qué bajeza de ti, haber caído, haber fracasado, haberte gastado en sufrir durante toda una vida. Deja que te atraviese, como dejas que el miedo o el dolor te atraviesen, para seguir a otra cosa. Relájate, no resistas. Basta de escabechinas.

Creo que me permitiré este experimento que, por sencillez y no poner títulos, llamaré "Diario". 

Magnífica novela de Cynthia Ozick, La galaxia caníbal. Sobre la inteligencia, en realidad. Me pregunto si no hay inteligencia que sigamos admirando una vez la hemos penetrado. Una vez que descubrimos en esa inteligencia clara  el resorte, la pata rota que todas las otras se ejercitan en compensar. Averiguamos cómo construye su andamiaje en torno a la debilidad, para ocultarla. Masas estelares que curvan el espacio tiempo. Quizá la inteligencia más alta es aquella que nada desvía de su trayectoria pura, ningún abandono infantil, ningún miedo a la oscuridad, ninguna confianza traicionada. 
La admiración pierde pureza cuando la inteligencia admirada pierde pureza. A cambio, se enriquece de amor. La lucha del niño por dejar de llorar es la que nos estremece. 

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