1/12/17

Veneno, ojo, temblor

Un hombre abrió la boca negra para ingerir la muerte como Cronos a su hijo. El ojo de pronto anciano brillaba de aceleración. De vértigo.

Uno de los dos Jordis lleva siempre puesta una máscara africana, emplumada, enorme.

No correré tras mis pensamientos. Los llamaré con voz encauzada en mármol. Los recogeré como recoge un samurai su temblor.

No mariposearé de mantra en mantra como en un puesto de bragas del mercado.

Amaré mi rutina como una tejedora sus muchas patas.

Buscaré la poca belleza. Piedras de grano violento que por dentro sean piedra, piedra más produnda.

¡Recomienda este blog!