13/1/18

Lo que más duele es sonreír

Lo que más me duele es sonreír a los niños. Se me rasgan las comisuras de la boca y duele, oh, cómo duele. Llegan los abuelos con niñas preciosas o querubines y les dicen que me digan hola, arrancándome así de mi saudade salvaje, mi alegría bestial, mi nostalgia de lo no vivido. Llovía, y ahora, de repente, brilla el sol en los charcos, en los canalones. Cómo me duele tener que sonreir a los niños. Empiezo a tocar el tema de El padrino y, como en broma, paso a la música de mi tierra: loca, ¡loca!

Los abuelos se quedan quietos hasta que los niños me dicen hola con la mano, asustados. Y esperan mi respuesta: una sonrisa. Algo. Y tengo que sonreír, porque me dan más limosna por sonreír a los niños que por tocar el acordeón. Así que estiro los labios, arrugo los ojos, y siento que de la mandíbula se me desprenden partículas amargas, que trago. Inclino la cabeza. A veces tardan minutos enteros en dejar de observarme, con esos ojos curiosos y serios.

2 comentarios:

  1. Una nebulosa me envuelve

    caricias de cascada de letras

    verdad

    voz que se columpia en un instante

    caracoles que se deslizan

    por las hierbas de miel y especias

    ebullición poética

    sin parangón

    con esos ojos que transmiten

    a través de una melena ondulada.

    Xana de los arroyos

    dama de las palabras.

    Hay que estar pendiente de unas cuerdas vocales

    únicas

    y escuchar versos

    en una llamarada de poemas

    ¡Luz!.



    Poema escrito "A vuela ordenador" la mañana del 24 de Febrero del 2.018, horas después de escuchar la maravillosa voz poética de Estefanía González, en un recital de poemas en Gijón.

    -Joseba Ayensa (poeta-cantor)


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    1. Joseba, el gusto es mío de poder leer para atención como la tuya. El milagro de la comunicación y una comunicación distinta, no de papel, cierto. ¡Voz, voz! ¡Gracias, muchas gracias por tanta generosidad!

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