9/11/14

Tacita perfecta

Creí una vez
que tenían un secreto:
las de los bellos brazos,
las que llevan eternamente
de uno a otro armario sus telas perfumadas.
Mujeres, sobre todo. De las que planchan
atravesando las versiones de la historia.
Sus tacitas perfectas, el detalle, la fragancia.
Imitémoslas, repetía mirando las hondonadas
del crepúsculo verde y las casitas color ámbar,
los setos casi negros, las graciosas vallas.
Dejemos de sufrir. Imitémoslas. Son sabias,
imitemos su sabiduría de afuera adentro,
de la que cala.


¡Oh, tacita perfecta, tacita perfecta!
¡Secreto de las sábanas!

Veía su atención y creía que era magia.
Y la atención es magia y yo la anhelo
mientras caigo.

Pero también miseria de las tazas, las telas,
los retiros espirituales y la dieta sana,
el cuidado del césped, un caminito a la puerta,
el ikebana, las recetas, la educación de los niños,
la educación perfecta de los niños,
el bricolaje, las tiendas, el cuerpo,
el cuerpo, el vacío de la estética,
el rechazo del dolor, el cuerpo sano,
la huida enloquecida del dolor,
los ojos ciegos sobre las superficies,
los ojos como renacuajos ante el dolor
la negación del dolor,
la enfermedad del dolor.
Lluvia de plumas de plástico.
Nada.

24/10/14

A gatas

Aquí puedo escribir cada día un poco y publicar y nadie lo verá si no cae de manera milagrosa por el engendro metiendo en el buscador palabras clave tan azarosamente elegidas que existan, casi, solo en este texto bobo.

23/10/14

Fluidos

Ahora soy mucho más exigente. No iría a un camino con usted. Los cuerpos extraños y sus fluidos me dan casi siempre asco como si pudieran deshacerse al tocarlos, carne muerta contenida en un un fino saco de piel. A ella le había estado observando las rodillas ya no tan frescas, pero de pronto aún amadas, y me había llenado de ternura. Entramos al oscurecer en el refugio que había construido un árbol con sus ramas y un par de setos y la luz de una farola la iluminaba desde atrás. Vi cómo salía, los contornos móviles del chorro deshilado cayendo en tierra húmeda y pensé que nuestra amistad no acababa nunca. Reímos y observamos que en el campo es más agradable, seguro que porque se ha estado aguantando más tiempo, pero también por la limpieza del aire, la oscuridad, el alejamiento momentáneo del barullo de la fiesta, las voces sofocadas. Pero quién sabe. Es usted tan dulce. Quizá con usted, cuando lo conozca, pueda ir a un camino.

16/9/14

Monstruos

- En primer lugar el sistema de seguridad de la casa hace imposible que ninguna forma de vida, o nada que se mueva, esté aquí si yo no he metido el código genético como elemento amigo. Las alarmas de dispararían, por los sensores que hay en las paredes, techo, y suelo, y despertarían a todo el vecindario.
- Pero no se ven...
- Claro. Están camuflados, es alta tecnología. ¿Quieres que los malos los vean para advertirles de que hay la alarma?
- Ah, claro. ¿Y los sensores detectan también los monstruos transparentes? ¿Las sombras?
- Todo lo que se mueva, esté o no vivo.
- Pero ¿detectan también lo que está en mi imaginación?
- No, pero sabes que lo que está en tu imaginación tienes que controlarlo tú.
- Pero no puedo.
- La única forma de luchar contra el miedo, que son los monstruos, es no mirarlos. Si los miras, crecen. Si no los miras, se van haciendo cada vez más pequeños hasta que desaparecen.
- Pero ellos están ahí y no puedo no verlos.
- La única forma de no mirarlos no es repitiéndose "no tengo que mirarlos", sino mirando otra cosa. Si ves un monstruo, tienes que pensar en algo bueno y divertido como la casa de Doraemon y Novita, que se va haciendo más y más pequeña.
- Sí, ¡qué gracioso fue eso!
- Claro. Tienes que pensar en cosas graciosas para debilitar a los monstruos. No te ocurre a ti solo. En realidad todo el mundo tiene miedo y ve monstruos, ¿sabes?
- ¿Ah, sí?
- Sí. Los mayores también.
- ¿Y también están en su imaginación?
- Sí.
- ¿Y saben luchar contra el miedo?
- Bueno, unos mejor y otros peor. Tienes que dejar que el miedo pase a través tuyo. Te tengo que enseñar el poema del miedo. El miedo mata el alma.
- Aunque quiera, no puedo. Yo no pienso los monstruos. Se piensan solos. Ellos vienen a mi imaginación cuando quieren y no puedo echarlos ni me dejan pensar en otra cosa. No me gusta la imaginación. No quiero la imaginación.

31/8/14

Soy algo así como mi propia mafia, ya sabes, y me rompo a mí mismo las rodillas. (John Cassavetes)

Me interesa cómo la gente se engaña a sí misma, no cómo engaña a otros. (John Cassavetes)


29/8/14

Para escuchar. Felicitación para Avaritus

Chirbit - Felicitación Avaritus - Estefaniag - share audio easily

Texto:
Avaritus, tú no naciste de cualquier manera. Llegaste con la potencia de un planeta a punto de estallar. Saliste disparado como un astronauta, abrazado a ti mismo, gordito rebozado en barro y replegado al final de un cordón por el que hasta entonces habías respirado. Fue como lanzarte desde muy alto al mar. Fiumm, disparado Yo vi a una enfermera de reflejos perfectos atraparte en el aire como el mejor portero de la historia y me doy cuenta ahora de que por eso eres portero, mi firme, serio, belga, apache y divertido Avaritus, mi amor de los espacios siderales, dime, dónde estabas, de dónde has venido, ¿me enseñarás el camino? Felís, felís cumpleaños.

8/8/14

Quilla


Recuerde que ha aceptado.
Piensa ahora en cómo lo dulce puede ser a veces tan dulce y espumoso, lo sé. Es un mousse de nata perfecta perfecto. Una dulzura que la deshoja y la eleva y la abre como si el aire fuera eso que acaricia al hundir. Luego recuerde que desea ser agua de agosto y que suavemente la hienda una quilla para después lamer usted con su espuma de puerto al sol muy despacio, muy despacio.

7/8/14

Risitas

- Creí que no vendrías, risitas.

- ¿Cuántos años tienes?

- ¿Por qué has venido? ¿Crees en los milagros?

- ¿Qué crees que quiero de ti?

- ¿Vas siempre a ese bar?

- ¿Por dónde sales? Eres muy simpática, seguro que tienes muchos amigos.

- ¿A dónde vas después del sitio del otro día?

- ¿Te ha comido la lengua el gato? ¿Por qué te tapas la cara?

- ¿Y después de ahí a dónde vas? Dime.

- ¿Dónde está tu sonrisa? ¿Ha volado por la habitación? Sonrisa, sonrisa, ¿dónde estás?

- ¿Te entran muchos tíos? Es broma, perdona.

- ¿Estás asustada?
-
- ¿Vas a llorar? No llores, no quiero que llores.

- ¿Porqué has quedado conmigo?  ¿Qué creías?

- ¿Eres virgen. pequeña?

- ¿Te gustan los tíos de traje? ¿Te gusta ver la televisión con grandes bolsas de patatas fritas?

- ¿Nunca te has puesto a dieta? ¿Por qué fumas tanto?

- ¿Cómo puedes vestirte así? ¿Dónde compras los modelitos?

- ¿No te das cuenta de cuánto me gustas?

- ¿Alguna vez te han puesto en tu sitio?

- ¿Te ríes cuando te miras al espejo? ¿Te das cuenta de que si no supieras que eres tú te morirías de asco?

- ¿Quieres que quedemos otro día?

- ¿Soñarás conmigo?

- Me voy. ¿Te quedas ahí? No te has tomado tu cocacola.

6/8/14

Espuma

Sin garra y humor se convierte uno en chicle y, sin embargo, qué necesaria la blandura, qué eficiente. Ah, fue Kundera, claro, quien lo dijo, que los traductores lo hacían fluido y lo mataban. Quién quiere fluidez. Sólo queremos trozos de fresa en la nata, estrellas en el caldo, estremecimientos en la tarde. Muerte al fluido de revista quincenal, muerte a la autoayuda a muerte.
Lucha, cobarde, lucha, se dice. Tan bruto que jamás se rinde. Mira cómo luchan, qué locos. Mira cómo sangran.
Una paloma picotea una miga.
Te ablandas y todo se ablanda y enternece a tu alrededor.
Las babosas negras tendidas en el camino tras la tormenta,
el mundo irrompible.
Te llevaré del cristal a la espuma, mundo loco, loco mundo.

21/7/14

Cerveza

Ha dormido tres horas y, sin embargo, suena. Hay una especie de hilo, algo que une y no se rompe sin haber siquiera comenzado a existir, algo que va del aún no del todo oscuro pasado al entrevisto como sol en corriente tímido futuro y permite la existencia; cierta tensión, cierta no molicie absolutamente laxa charco somerísimo. Un paso entre una piedra y otra en el río, entre musgo y agua, una zancada. Y puede que haya sido el juego de esta tarde con su amigo, el que empezó con el camarero celoso que hablaba griego y terminó en un invernadero. Lo no esperable, lo descoyuntado bobo, lo surrealista. Su amigo pensaba en ello cuando mucho después dijo que le gustaba el absurdo. Pero ha dormido sólo tres horas y se siente débil y se promete una vez más no volver a cenar jabalí a medianoche. Es obvio que a su organismo le disgustan el puerco salvaje, al menos un puerco entero para cenar, y que beba directamente del tonel levantándolo con las manos cascadas regurgitantes. Sólo ha dormido tres horas. No. ¡No! Dentro de poco no podrá abrir sin ayuda la puerta del castillo si sigue así. Dentro de poco, si sigue comiendo jabalí tras jabalí y bebiendo tonel tras tonel de cerveza, perderá toda chispa, no podrá levantar vuelo un instante ni imaginar una historia, vendrá un gato cualquiera, le pedirá que se convierta en ratón y no verá la triquiñuela.

10/4/14

Ayer por la tarde

Ayer por la tarde aparqué junto a un cementerio desconocido.
Cuando regresaba hacia el coche por el camino en lo oscuro se me ocurrió, y se tensó el nudo-en-el-estómago, pero no le di importancia, que era extraño que nunca hubiera visto ese cementerio-barco con sus tumbas escalonadas. Tan hermoso. Sus bancales de muertos. La luz era la misma ahora de noche que cuando llegué de día. Ahogada, ligerísimos sepia y azul. Crepúsculo tan mate como temblor de gasa, soplo frontera de la sombra, frontera, salto, fino cabello de lo intocable. ¡Pero ahí estaba, podría zambullirme en él, qué intocable, podría zambullirme en él, podría zambullirme en él! Por la tarde había un colegio en su hora de gimnasia. Los niños sobre las lápidas, con sus pantaloncitos azules, hacían gimnasia muy serios y orgullosos, sus movimientos sin contundencia, romos, como si un dictador los estuviera observando. Unos metros más allá, aunque invisible, estaba el mar, que me daba ganas de llorar y tensaba el-nudo-en-el-estómago. No estaba sola, aunque no veía a nadie. ¿Quién iba? ¡Ah, de la interfaz! Parecía un sueño. Volvía de noche, digo, y tenía miedo, pero no demasiado. No sé de dónde venía ni a dónde iba y tampoco lo sabía anoche. No sabía nada, no sé nada, nada, no sé nada...

6/4/14

Abril, tu famosa crueldad.


5/4/14

En el embalse dorado

En el embalse dorado el aire detenido, arquitecturas de Tchulhu, bocas de tierra.




Tragedia

De pronto, tragedia. La vida era esto, este espanto que nos acogota, este sufrir para morir. Un par de horas. Luego, como cuando deja de llover tan despacio que no te enteras, escuchas: trinos. Una ventana que se cierra, una tos. Al rato, risas. Qué comedia. Abrázame. Vamos a dar una vuelta, que no se aguanta tanta alegría, vamos a tomar algo. Qué pasó hace unas horas, cuando hablamos de pesadillas. Qué raro. Qué locos. Todo va a salir bien. La vida es bella.

Maternal

¿Yo maternal? 
Cuando el frío del mundo te ha helado el corazón una persona maternal, hombre o mujer, te desviste, si es necesario, rezongando que estás calado hasta los huesos, te da ropa decente y seca de otra persona, te prepara una sopa y te regaña con la monotonía de la lluvia si no te la acabas; te mete en la cama, está de tu lado aunque seas bobo, engreído o egoísta, te mima, te cuida como se cuida a un niño, te da cariño incondicional y sabes con seguridad que siempre puedes volver a ella, a su olor a tela y madera, a su fuego suave de hogar que deja fuera el mundo.
Yo te empujaría y me lanzaría contigo por un barranco lleno de zarzas, divagaríamos y admiraríamos el mundo hasta llorar de agradecimiento y al amanecer entraría en el mar para que la sal hiciera escocer mis heridas. Volvería pálida y medio desmayada de hambre y tendrías que salir a matar algún bicho para alimentarme.
¿Yo maternal? ¿Porque adoro a los niños? ¡Me gusta su mirada!
Son formas diferentes de ser. De amar.
Esta mañana encontré dos calcetines iguales y grité de alegría.

3/4/14

Entregarse

He ido a comprar un litro de leche para poder tomar café y he visto dos monjas muy jóvenes y espigadas vestidas con hábitos en varios tonos de marrón. Una era negra y la otra era blanca, las dos de la misma altura y con la misma sonrisa celestial. Se sabían observadas y sonreían con timidez.
Se han entregado y ya no tienen la maldición de la posibilidad sobre sus hombros. No es morir en vida, es renunciar a elegir. Es renunciar, no a vivir, sino a elegir. ¿O es que elegir es vivir o vivir es elegir? Sea como sea, están en paz. Un gran paz. Esa paz mortal, plena.

2/4/14

Relámpago - noche - relámpago

¿Sabes qué me ocurre cuanto leo tus poemas? A primera vista (al primer relámpago sería y sonaría mejor; si fuese alemana corregiría la expresión: ¡el relámpago es más rápido que la vista! Y una mirada relámpago es más rápida incluso que un relámpago. Dos rapideces en una. ¿No?). O sea, a primera vista (ya que soy una extraña) lo entiendo todo ― después ― noche: nada ― después: ¡Dios, qué claridad! ― y cuando quiero asirlo (no en sentido alegórico, casi con las manos) ― todo se borra: solo quedan las líneas impresas. Relámpago tras relámpago (relámpago ― noche ― relámpago), es lo que me ocurre cuando te leo. Lo mismo debe ocurrirte a ti cuando te escribes.

(Tsvietáieva a Rilke, 12 de mayo de 1926)


Cartas del verano de 1926, Pasternak, Rilke, Tsvietáieva, Minúscula, 2012

30/3/14

Feliz 30 de marzo

Cualquiera sabe que la mejor manera de suicidarse es internarse en la nieve con una botella de vodka. 
Malaparte lo dijo. 
Pero yo jamás renunciaría a la vida, que amo tanto.
Feliz 30 de marzo.

28/2/14

Giramos en mitad de la tarde.


25/2/14

Tristeza

Esto es lo que me ocurre desde que he dejado la droga:
Tengo ganas de hablar sin constricción. Como de quitarme el corsé (ah, otro día cuento lo del corsé). De destarabicarme, que se dice cuando se trata de un niño o que digo yo por no hablar de euforia cuando se trata de mí.

He dicho ahora en otra ventana que "A mí me parece muy realista. Es ir quitándose de encima las tareas domésticas, enfrentándose a las mezquindades laborales, a las pequeñas fealdades de amigos o amantes, a las decepciones de la difícilmente construida pequeña ilusión, al insomnio y el cansancio del cuerpo, a las articulaciones humedecidas por la lluvia, a la factura de la luz, a las minucias cotidianas, en fin, lo que desgasta, engrisece, quita ganas" y me he puesto alegre de pronto. Es lo que tiene la parodia, que hace imposible volver a mirar con inocencia, sin distancia, sin doblez. Ahora todo eso, la factura de la luz, la mezquindad, las calles negras de hollín y lluvia de la infancia, carece de importancia. Hoy me han despertado a besos. Me han abrazado con timidez y arrobo. He sentido una nariz minúscula y fría en mis labios. Y tengo proyectos. Qué más da lo feo.

Cuando era pequeña oía la sirena de la fábrica y el ruido de los coches en los charcos, bajo mi ventana, en las mañanas de invierno. A la tristeza que puede imaginar un niño no alcanzará un adulto. Es tristeza pura, no egoísta, no producto de una situación personal. Es una tristeza del aire, de las fachadas. La tristeza de una tienda de telas con dependiente de nariz larga y roja (la luz es naranja), de una pared de cocina de azulejos blancos (la mujer deja el cuchillo y enciende un cigarro), de partido de fútbol radiado en un autobús iluminado que cruza la noche húmeda. La sospecha de que la vida pueda ser eso.

No me basta tampoco la otra ventana, la de brevedades. Al infierno.

A quien se aburra, que Dios lo ayude.

24/2/14

Saltar la valla

No hay muro lo suficientemente alto. 



(...) de amplia y magnífica construcción y había sido creada por el excéntrico aunque majestuoso gusto del príncipe. Una sólida y altísima muralla la circundaba. Las puertas de la muralla eran de hierro. Una vez adentro, los cortesanos trajeron fraguas y pesados martillos y soldaron los cerrojos. Habían resuelto no dejar ninguna vía de ingreso o de salida a los súbitos impulsos de la desesperación o del frenesí. La abadía estaba ampliamente aprovisionada. Con precauciones semejantes, los cortesanos podían desafiar el contagio. Que el mundo exterior se las arreglara por su cuenta; entretanto era una locura afligirse. El príncipe había reunido todo lo necesario para los placeres. Había bufones, improvisadores, bailarines y músicos; había hermosura y vino. Todo eso y la seguridad estaban del lado de adentro. Afuera estaba la Muerte Roja.
Edgar Allan Poe, La máscara de la muerte roja

La imagen, de Guerra mundial Z

El vídeo que he visto esta mañana, tras aguantar la publicidad, y que no olvidaré, de El país: 
http://politica.elpais.com/politica/2014/02/24/videos/1393245288_048141.html



12/2/14

No estoy aquí

no estoy aquí
estoy en google vomitando por la borda

estoy en google aunque no estoy en google
estoy en google cuando leo un poema
un verso me recuerda otro y hacia él me dirijo
minimizo y olvido  el anterior
que apenas he entrevisto sin amor
proceso sílabas de 20 en 20 sin oír
filtrando en busca de información esencial
o sea hipertextual, proliferante al infinito
y cuando encuentro el dato lo minimizo
o lo etiqueto para el futuro
pero nunca vuelvo

estoy en google y deseo que termine esta gran película
para buscar el nombre del actor y la fecha de su muerte
en el internet movie data base

actualizo mi lista de tareas en otras ventanas
o busco una reseña para recordar qué había dentro
de un libro
aquél
el que leí en una tarde y olvidé que había leído

nunca estoy aquí

soy la estela gaseosa de un cuerpo invisible
el fantasma que sólo se ve si no se mira de frente
soy la angustiosa intuición de un olvido

había algo, había alguien ahí
un ser

soy un latido que muere de camino

***
(y este poema era para Nacho
y este poema es de otro tiempo
de antes de facebook
de antes de twitter
de antes del whatsapp

inevitablemente
el mundo colapsará)

5/2/14

Amor

Me mira con amor y ternura, como si hablara una niña pequeña, cuando le digo que he soñado que moría y ha sido maravilloso. Esa incomprensión me seda. Pone la cabeza en mi regazo y me abraza. Yo abrazo la cabeza.

2/2/14

Mi sol

Voy con prisa. Veo un coche parado en la calle bajo los plátanos de la acera derecha, ocupando medio carril, y creo que no voy a poder pasar. Otra de esas personas incomprensibles a las que no importa molestar a todos los que vengan detrás. Sale el conductor del coche. Tiene unos sesenta años bastante grotescos, colorados, de nariz de fresa, años sin resuello para subir una cuesta, años cubalibre en mano cigarro en mano  y voz pastosa aplastada por la carne, años malhumorados; o quizá sean las líneas de su cara abotargada que el sol de medio día ilumina cubista desde lo alto. Siento ira porque no se inmuta cuando freno para intentar pasar muy despacio, exagerando la dificultad. Como si yo no existiera. Como si nada existiera. De pronto le ocurre, no sé, una descomposición, algo de montañas agitadas por dinosaurio fósil que se remueve o eructa, una conmoción que no sé interpretar, y estira los brazos ante él hacia lo que sea que hay al otro lado de la calle, a mi izquierda.
Miro y veo un niño como de un año o dos en brazos de su padre. El padre está serio, harto, diría, pero el niño tiende los brazos hacia el hombre, que ahora tiene la mirada más llena de amor que he visto en meses, un sol suave que surgiera de pronto a iluminar el infierno.
-¡Mi sol! -dice.-¡Mi sol del mundo!

1/2/14

No hay vuelta atrás. Imposible corregir si el hilo se rompe, si se coagula la sangre, si la nube suena a cristal. El último recurso de quien desea seguir, sin fuerzas, con el aguanieve en la cara: improvisar y no poder corregir. Porque sea tarde, porque a la tarde se le olvidara dorar, porque la noche tejiera con bramante basto.
Nunca he dormido en un coy. Parecen una floración de larvas estos muchachos iluminados por el candil, y el rechinar de la madera se confunde con el fragor del mar.

31/1/14

Corro

Veo desde la terraza en la loma verdísima del parque un grupo de niños y adultos que se alejan cogidos de las manos. Manitas de niño en manos de adulto en un corro de risas nerviosas que se desplaza, adentro, afuera, arriba, abajo, y los niños tienen que correr más porque sus piernas son más cortas, pero con las risas no pueden y los adultos los levantan en volandas y los arrastran, cada vez más rápido, como un carrousel borracho porque los niños están borrachos de risa y velocidad, sus piernas arrastradas hacia atrás por la inercia, el pelo de sus cabezas arrastrado hacia atrás, sus mejillas temblorosas como las de los atletas en cámara lenta, los niños ya no pueden reír, dejan de reír y se callan, todo es velocidad, viento en la cara, tampoco los adultos ríen ya, ni siquiera oyen a los adultos ni ven el suelo bajo sus pies o la ciudad alrededor, no ven nada, sólo giran y giran en el corro y el viento no los deja llorar.

30/1/14

el tiempo se detiene

El tiempo se detiene cuando escribes un poema.

Sólo entonces podrás mirar en torno

sin ser cegado por la furia de existir.

no era yo

.
Le expliqué que no era yo. Se lo dije sonriendo, con naturalidad, como si me hiciera gracia una confusión tan tonta. Total, ya sabía que me lo iba a decir. Ni me enfadé ni nada. ¿Por qué iba yo a dejar que un tipo que no conocemos de nada me llevara agarrada por la cintura? ¿Besitos en el cuello? ¡Santocielo! A quién se le ocurre. Se lo repetí varias veces, mirándole a los ojos. Que si yo le digo que voy a una cena de trabajo con mis chicas es que voy a una cena de trabajo con mis chicas y luego a bailar un poco. Luego me asusté al ver a qué podía conducirnos una confusión tan estúpida. Pero no sirvió de nada: es terco como una mula. Dice que está tan seguro de que era yo como de que soy una maldita puta. No hay nada que hacer. Está empeñado en que era yo y nada le hará cambiar de idea. Sabía que por más que se lo repitiera él no me creería a mí. No confía en mí. Así de claro. Ya me lo había imaginado, que no me iba a creer. Y se lo dije al tío, que me soltara, que se había dado cuenta de que era yo.
.

9/1/14

La rutina

La habitación está en penumbra al despertar. Sólo se cuela una luz viscosa por la cortina granate. Enciendo el foco que hay sobre la cama, la lámpara de leer. Luego, en la cocina, el neón me deslumbra un poco.
Salgo al gris océano del aire.
En el trabajo, luz de oficina. En verano no enciendo nunca, pero en invierno la agonía que entra por la ventana no alcanza. A medio día, cuando salgo del portal para ir a un recado, me acaricia un sol frío que me hace entrecerrar un poco los ojos mientras voy a la plaza del pescado, frente al mar, pero un poco más tarde empieza a llover y al rato es como si el recuerdo del sol perteneciera a otra vida. Todo se llena de agua suspendida, hay gotas microscópicas en las mejillas y en el pelo, como un aura, mientras camino al terminar mi trabajo entre los edificios altos y hogareños de la ciudad. Camino como si atravesara un pantano.
En casa, no enciendo. Disfruto aún de la penumbra. Pero a los cinco minutos necesito buscar algo pequeño, así que enciendo la lámpara de pie de la sala. No basta: enciendo la lámpara del techo. Cuando encuentro la nota que buscaba, apago de nuevo. Camino lentamente por la casa. Me siento en silencio mientras mi mirada se acostumbra a la oscuridad.
Luego llegan los otros y encienden las luces. Todas, parece.
Leo con el aplique de leer de encima de mi cama.
Apago. Me sumo en la oscuridad.
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