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18 de junio de 2021

Serendipia de pastores

Leo lo que decía Rilke en Ronda de los pastores: «hombres situados al margen, sometidos a la plenitud de la influencia cósmica». Lo erguido, lo firme sobre la tierra y cercano al cielo, lo que une dos mundos.

Luego encuentro aquella antología del pastor Miguel Hernández que disfruté en mi juventud primera y, ahora que me estoy volviendo lectora de vidas, leo la introducción y me emocionan la sensibilidad natural aquella suya de lanzador de honda, la intensidad de su alegría y de su dolor. 

Y por fin caigo en Sam Shepard, en su último libro, y vuelvo a pensar erróneamente en pastor (shepherd). Erguido y erecto hasta su muerte. Antes me habría identificado yo sin dudar con Jessica Lange y con las chicas con que engañaba a Lange, pero ahora descubro que me identifico, por la edad y las canas, con Patti Smith, amiga eterna admirable sin el menor sex appeal. Y reconozco y acepto una pizca de amargura en este camino de objeto a sujeto, de cuerpo a espíritu. Porque yo... ¡yo querría gustar a Sam! 

Estas asociaciones fortuitas que pueden traer consigo hallazgos aparentemente fortuitos gustaban mucho a mi padre. Juegos o ejercicios de serendipia los llamaba, a partir de aquella película, Buscando a Forrester. Muy de moda en esta casa durante un tiempo, la serendipia.



29 de mayo de 2019

Miedo

Ah, el pobre adolescente imaginativo y miedoso intentando luchar contra su miedo.
Qué heroica la lucha contra el miedo. Los que no tienen miedo no saben lo que es ser valiente.
Cómo temblaba mi amor, mi niño hombre de mejilla áspera. Su áspera mejilla de la que afeita una pelusa rubia, su pómulo áspero su amor tembloroso de miedo por el derrame infinito cerebral de la muerte y el enemigo dentro, mi ángel de áspero pómulo de pelusilla afeitada. Qué puedo hacer.

22 de julio de 2016

Cuerpo

La anciana de pelo blanco va al fisio. Es su placer. Prefiere gastarse en dinero en un buen masaje que en cualquier otra cosa. Se da un baño perfumado antes. Se pone sus mejores enaguas y sus prendas interiores más finas. Se prepara con tiempo. Camina recogida como una monja, con las manos sobre el estómago y en ellas la cartera. Cuando llega a la consulta se sienta en la sala de espera. El chico es moreno y fuerte. Tiene una sonrisa bonita y las manos calientes. Sonríe mientras la masajea suavemente porque su piel es fina como papelillos de liar y porque sabe que ella va para sentir el calor de unas manos, sangre que fluye por otras manos, vibración de otras manos en su cuerpo.

21 de marzo de 2016

La forma de este coral replica la mano
que lo contuvo. Pesa
la inmediata ausencia. Como piedra pómez,
como tu pecho en el cuenco de mi mano.
Sus poros, como los tuyos, brillaban de sudor salado.

La ausencia de los cuerpos desplaza su peso,
y tu cuerpo suave, como ninguno,
crea una ausencia como esta piedra
colocada en una repisa blanquecina
de recuerdos. Empuja a mi mano a reclamar
lo que nunca han conocido manos de amantes;

la naturaleza del cuerpo de otro.

Derek Walcott

This coral's shape echoes the hand
It hollowed. Its
Immediate absence is heavy. As pumice,
As your breast in my cupped palm.
Sea-cold, its nipple rasps like sand,
Its pores, like yours, shone with salt sweat.

Bodies in absence displace their weight,
And your smooth body, like none other,
Creates an absence like this stone
Set on a table with a whitening rack
Of souvenirs. It dares my hand



To claim what lovers' hands have never known;
   
The nature of the body of another.

Derek Walcott




Me atrevo a traducir.
Hay corales blandos y duros. Eso importa. Ha de tratarse de un blando coral, como éste de la página de wikipedia:
Pero, ¿tendrá poros el coral blando, el blando coral?
Estoy llena de preguntas.
¿Y ese «claim», afirma o reclama?
Pero seda. Traducir seda. Es amor.



28 de enero de 2016

Turbias e iluminadas

Mojar un pie. Calzado. Mojar un pie y reír. Luego entrar hasta la cintura y sentir en las ingles el agua fresca. Las ropas son deliciosas pegadas al cuerpo, piel muerta nuestra y ya no nuestra. Los muslos, las nalgas, la barriga. De pronto nos hundimos hasta el cuello y salimos rápidamente. La piel muerta de las prendas roza los pezones endurecidos. Volvemos a agacharnos y metemos la cabeza bajo el agua. Oh, la cabeza bajo el agua, el mundo desaparecido, la ceguera clara, el ahogo, el tiempo detenido del mar sin tiempo. Estas aguas son turbias e iluminadas y en ellas buceamos como mantas. Esta es toda la música que precisamos.

23 de octubre de 2014

Fluidos

Ahora soy mucho más exigente. No iría a un camino con usted. Los cuerpos extraños y sus fluidos me dan casi siempre asco como si pudieran deshacerse al tocarlos, carne muerta contenida en un un fino saco de piel. A ella le había estado observando las rodillas ya no tan frescas, pero de pronto aún amadas, y me había llenado de ternura. Entramos al oscurecer en el refugio que había construido un árbol con sus ramas y un par de setos y la luz de una farola la iluminaba desde atrás. Vi cómo salía, los contornos móviles del chorro deshilado cayendo en tierra húmeda y pensé que nuestra amistad no acababa nunca. Reímos y observamos que en el campo es más agradable, seguro que porque se ha estado aguantando más tiempo, pero también por la limpieza del aire, la oscuridad, el alejamiento momentáneo del barullo de la fiesta, las voces sofocadas. Pero quién sabe. Es usted tan dulce. Quizá con usted, cuando lo conozca, pueda ir a un camino.

10 de marzo de 2013

Hoy me has dado mi cuerpo


Hoy me has dado mi cuerpo.
Que agradezco y tiendo al sol. Cuerpo sano, cuánto te amo, con qué pasión te abrazo.
Hay personas que no entran en el mar ni suben a las cumbres. Hay personas que viven sin cuerpo y de pronto descubren que están enfermas.
El cuerpo es amable como la variedad de todas las ramas en la piel. Miren, si no, ahora, qué calor dentro y en la piel qué agradable frío que quiere entrar hasta el hueso y no puede y entre tanto enerva y estremece.
No, el desprecio del cuerpo no es más que un alardeo de rico, de engranaje que no chirría, o un olvido de lo que cualquier niño sabe: disfrutar de la existencia.
El cuerpo en el mar, ¿entienden? El agua fría que muerde y azota; sienes de menta, pómulos de viento, el mordisco, el mordisco del mar, eso, cuánto lo echarán de menos el primer día que se les ocurra recordar la infancia y de pronto consideren imposible entrar a ser mordidos por el mar porque se sienten viejos, gordos, pesados, enquistados y, aunque no sea cierto, no bajarán a la playa a ser mordidos, pero llorarán. Llorarán de nostalgia del cuerpo y del viento, mar, sol, el triunvirato infantil de la alegría. Añadan si lo desean olor a eucalipto. Madre, empezarán a llorar. Madre, madre mía. Ahora llorarán por su madre. Porque el mar, el sol, el viento y su madre no están con ustedes. Y se mesarán las barbas floridas en las que caerán lágrimas dulces y gordas como las primeras gotas de la tormenta. Lloren y salgan al menos al parque y tiéndanse sobre la tierra, la tierra bajo el lomo, la tierra enorme abajo y el cielo arriba y a los lados y abajo, porque usted flota con la tierra en la inmensidad, y va rápido, más rápido que un coche caro, tan rápido que no es capaz de imaginarlo y no se sabe a dónde, no se sabe a dónde, porque no hay sentido en el infinito.


19 de marzo de 2011

Un borde de plumilla


Las gaviotas, los rayos de sol en el visillo y mi mano.
Salgo del sueño y me tiendo en la luz. Muy tenue
pulsa hoy el remolino.  Descansa.
Un borde de plumilla perfila la mañana.

Quiero un pétalo plano en mi lengua como una hostia.
Lanzaré un petirrojo muerto al aire
y observaré su sombra.

En el filo de tu voz, el valle.




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