30 de enero de 2024
William Faulkner
21 de diciembre de 2023
Anotar el mal
Pero es verdad que escribir no consiste en levantar la mano hacia el cielo.
Escribir no consiste para nada en bendecir.
Escribir es bajar la mano al suelo o a la piedra, o al plomo, o a la piel, o a la página, y es anotar el mal.
P: Quignard, Las lágrimas, cit. Damiano
27 de febrero de 2023
Una luz poderosa en un mundo agujereado por Mi mano.
El ángel,
la nave, el augur. El mago. Todos aliados para el bien de los humildes,
los que habitaban los barrios bajos de la ciudad. Aún eran de madera,
inflamables en ardores como la imaginación de una joven.
Solo
podían rezar y a quién iban a rezar si no a mí, pensaba yo hasta que los
vi arrodillarse mirando al cielo, al suyo, no a donde yo estaba, en un
plano oblicuo, en una dimensión que ellos no percibían, no podían ver.
Rezaban al cielo que yo había dibujado, un cielo sin profundidad, aunque
ellos creían verla, la profundidad. Allí, boquiabiertos, daban gracias a
la nave, que era pura apariencia sin motor, que solo estaba allí por Mi
mano. Incluso el ángel y el mago estaban allí por Mi mano.
Avivé
las llamas, que subieron tan alto que se podían ver desde el campanario
del confín. Un monje hizo sonar las campanas, pero no había bomberos.
Todos corrían sin orden, como zombies, con las manos abiertas en busca
de algo esperanzador que hacer, pero no había nada. Se arrodillaban
mirando al cielo, a su cielo, sin verme a Mí. No dejaban de hacer lo
mismo, no había evolución, ni siquiera las casas dejaban de arder. Todo
tenía que hacerlo yo.
Decidí dejarlos descansar. Se me ocurrió
matarlos a todos, pero no lo hice. Dibujé una lluvia gruesa de trazos
largos, densa, tibia, dulcísima. Todos bajaron las manos. Sus lágrimas
se confundían con la lluvia. Se abrazaban. Yo sonreí, beatífica yo.
1 de marzo de 2019
Patrick Modiano en Dora Bruder
19 de septiembre de 2017
Las tres condiciones de la belleza, James Joyce
Las tres condiciones de la belleza (...) Integridad, armonía y resplador son las tres condiciones de la belleza.
Primero percibimos el objeto como una cosa íntegra; luego como una estructura compleja y organizada: como una cosa, en rigor. Finalmente, una vez comprobada la perfecta articulación de sus partes, lo reconocemos como esa cosa; su alma, su esencia se nos revela de pronto, más allá de su apariencia. El alma del objeto más común resplandece ante nosotros. El objeto alcanza entonces su epifanía. (SH, pp. 212-213).
(Claritas es quidditas. Santo Tomás. Esencia.)
El otro día estuve pensando en mi novela. ¿Cuánto tiempo llevo con ella? ¿Vale la pena seguir? (Carta a Stanislaus Joyce, Roma, 10 de enero de 1907, en Selected Letters, p. 143).
He leído ese capítulo varias veces. Tardé cinco meses en escribirlo. Cada vez que termino un episodio caigo en una apatía total de la que parece imposible que salgamos yo y el maldito libro. (Carta a Harriet Shaw Weaver, Zúrich, 20 de julio de 1919, en Selected Letters, p. 240).
La imaginación no es sino la reelaboración de lo recordado. (Cita de Vico, en Ellmann, op. cit., p. 661).
La poesía no tiene apenas en cuenta los ídolos de la gente común, ni la sucesión de las épocas, ni el espíritu de su época, ni la misión de su comunidad. La tarea esencial del poeta es la de librarse de la influencia de los ídolos que lo corrompen totalmente. (CW, p. 135).
El hombre de genio no se equivoca. Su error es deliberado: el umbral de una revelación. (U, p. 182).
El escritor no debería escribir nunca sobre lo extraordinario. Eso es tarea del periodista. (Ellmann, op. cit., p. 457).
Nadie desconfiaba tanto como él del fervor de los patriotas. Como artista no sentía
sino desprecio por toda obra que no hubiese surgido de la disposición más estable del
espíritu. (SH, p. 204).
Sabatini, Federico (ed.), Sobre la escritura, James Joyce. Disponible: https://drive.google.com/drive/folders/0B1Uk0OUWn7NxVVllQjAtNGFTMDA
1 de junio de 2016
Títulos
28 de enero de 2016
1 de febrero de 2014
Nunca he dormido en un coy. Parecen una floración de larvas estos muchachos iluminados por el candil, y el rechinar de la madera se confunde con el fragor del mar.