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26 de agosto de 2018

Verano 2008

Caminaba mal con las sandalias. Decidí bajar a la arena y quitármelas. Caminé con ellas en la mano a lo largo de la playa hasta la escalera 10, donde me esperaban. La carne de las personas que corrían a veces en pos de una pelotita bajo el sol suave, sus carnes, como olas color arena, se movían. También estaban por allí el viento. El cielo.
Sobre todo el agua.
Me sentí feliz.
Increíblemente pesada. Pegada a la arena. Sobre las patas.
El viejo pensamiento de la fealdad de la gente surgió de nuevo, pero ahora me produce una gran ternura. Somos tan feos todos.
Mi hermana dijo una vez:
-Pero nadie es tan monstruoso como nosotras.
Ternero y Gatito estuvieron escarbando un pozo. Una piscina. Una charca. Su lago. Querían hacer pis y yo les aseguré que su pis en el Océano era tanto como una gota. Tuve que decirles que infinito menos pis igual a cero. Qué más da que no tenga sentido si a mí me sirve. Ternero balbucea siempre de infinito. Sabe que no hay nada mayor, le encanta el infinito, por influencia de su gran hermano, Monito. Me lamieron, revolcándose en su lago. Gritaron.

10 de septiembre de 2017

Mi amor ha venido a mi

Mi amor ha venido a mí. Lo llamé yo con un estúpido truco, una especie de sortilegio que, sorprendentemente, funcionó. Oí su voz en la habitación de al lado.
Era más alto y más delgado, pero tenía el pelo tan corto como la última vez. Decía: ¿dónde has estado? Me observaba con tristeza y cierta desconfianza, pero luego, en el abrazo, nos fundimos. No puso reparo. Tenía rizos rubios entonces y su peso era perfecto. No se puede imaginar. Qué felicidad loca.
Pero había prisa. No perdí el tiempo en preguntas inútiles sobre la existencia y la muerte. Sólo quería volver a verlo. Insistí. Quería certezas. Él parecía casi resignado. Cansado. Yo no cabía en mí de felicidad. Lo entreveía, no lo reconocía de continuo. Siempre que lo veo está así. Un poco triste, un poco zombie. Verdoso. Con ojeras. Qué esfuerzo reconocerlo. Así, como si saliera del fondo un instante y abriera los ojos mirando al cielo para volver a hundirse, verlo, saber que es él. Felicidad. Abrazo. Cuerpo. Manos en mi cara, mejilla en mi cuello. Incluso hablaba: ¿Dónde has estado? Giros, giros. Abrazo, abrazo.
Tenía su palabra. Creía que podría, sí. ¿En un mes? Sí. Eso creía. Sabia mucho más de lo que decía. Estaba ocupado, pero para mí hubo compasión y, aun más, amor. No sólo resignación y pasividad, no. Él me quiere. ¡él me quiere! Él es mío y yo soy suya. Tenía su abrazo. Aún lo tengo. Es todo lo que quiero.     

27 de junio de 2017


Llueve tibio y pesado
el cielo de junio.
Sus pestañas llenas.

Viene hacia mí corriendo y cae.

Llueve lento y redondo.
La tarde refleja
su piel luminosa, el júbilo
de la lluvia, el semáforo rojo.

Viene hacia mí corriendo y cae.

Tiene un caracol en un tarro,
cristal lleno de espuma,
retorcido.

Viene hacia mí corriendo y cae.
La tarde redonda,
sus pestañas llenas.

1 de noviembre de 2016

Difuntos

Antes hacía siempre sol en difuntos. Nos perseguíamos entre las tumbas. Nuestras amigas pelirrojas venían desde la lejana ciudad en que vivían y la alegría nos llenaba. Nos veíamos en el cementerio. Nos saludábamos desde nuestras respectivas tumbas y a los dos minutos ya estábamos juntas. Había brisa y cantaban los pájaros. Sonaban algunas toses en medio de la tarde seca.

Íbamos, intentando no hacer ruido, a ver los mausoleos neoclásicos de las antiguas familias ricas de la villa, que parecían pequeños palacios para jugar. Después íbamos a la zona de los niños, que no tenían lápida. Eran sólo unas elevaciones de la hierba, del tamaño de bebés que durmieran de lado, o boca arriba, a veces con una cruz, algunas incluso con una foto. Mirábamos las fechas con ojos asombrados.

El cura daba la misa desde el panteón de Concha Heres, un edificio enorme y de formas onduladas situado sobre un promontorio, al que algunas veces íbamos también a contar historias de terror. Nunca me dieron miedo los cementerios. Yo sólo tenía miedo en mi casa, de noche. Como tú, Monito.

Últimamente siempre llueve en difuntos. Planeo un alegre paseo hasta el cementerio con vosotros, para que juguéis entre las tumbas blancas, pero siempre hay una llovizna espesa flotando a la altura de nuestras cabezas y no puedo ir. Aún no nos hemos acostumbrado al cambio de hora y llega la noche cuando nos levantamos de la siesta y parece que hay que apagar las luces porque el mundo cierra los párpados.

7 de junio de 2016

Lo que existe

Monito: te preocupa lo que existe y lo que no existe y exiges claridad en mis explicaciones bien: existen los kraken, los calamares gigantes los dinosaurios y los robots asesinos y sí, también existen los fantasmas pero muchos existen en este mundo y muchos en otros mundos pero en este mundo también hay monstruos pero no te pueden hacer nada porque yo mato pero en Fantasía, en el mundo de Fantasía y en las cabezas de la gente y en los libros sí, otros mundos maravillosos entonces tú, con los ojos como platos, entusiasmado, gritas metálico: ¿el niño que mataron en el parque está en esos mundos ahora? ¡a esos mundos voy a ir yo cuando sea un ángel!

3 de junio de 2016

Fósiles

Conviene ser siempre consciente de la tristeza. En cuanto tienes unos días buenos te lanzas montaña abajo y olvidas, siempre olvidas.
La conciencia de la tragedia templa. Te encaprichas de la alegría como un niño y demasiada alegría provoca inconsciencia y vanidad. Hay que caminar de lado y un poco encogido.
Olvidas que una vez viste salir de una boca de alcantarilla un ratoncito muy pequeño. Te lo llevaste a casa, pero te riñeron y te mandaron tirarlo. Lo tiraste a un patio y al estrellarse contra el cemento murió. Durante semanas viste, cada mañana antes de ir al colegio y cada tarde antes de ir al colegio, cómo el ratoncito se iba pudriendo. Al final era sólo un rastro como el de un caracol.
Olvidas que hacía sol y parte del sol quedó con los árboles bajo la tierra. Durante millones de años.
Después un buen día llegó el príncipe encantador y abrió la tierra: allí estaban, erguidos bajo nuestros pies. El tiempo había aplastado el aire entre ellos y lo había convertido en carbón y así, blancos, gigantescos, aparecieron ante nuestros ojos.
Olvidas cuando te metías tras las puertas para llorar, cuando creías que llevaban a tus padres en furgonetas por comunistas, cuando el perro llamado Lagún pasó unos días en tu patio de luces. Representabas a la perfección el papel de amante de los animales.
Olvidas cuando saltabais al infinito. Así lo llamabais, ¿recuerdas? Saltar al infinito.
Era uno de esos pisos de los años 40 donde desayunaban niños obreros antes de que amaneciera y sonaran las sirenas. Había un patio de luces profundo y gris de humedad y hollín. El musgo crecía en las cañerías. Si mirabas hacia arriba veías trozos de cielo: cielo gris o cielo azul, nubes pasajeras, estrellas. Desde la ventana del servicio se salía al patio. En el borde de la ventana os poníais de pie con un espejo en las manos que reflejaba las cuatro paredes grises y rectas y el cielo, luminoso, al fondo del pozo. Saltabais gritando y aparecíais, girando sobre vosotras mismas con las faldas levantadas, en el cielo, donde flotabais como medusas.
Los últimos días de Pompeya en la belleza de una vida. El pequeño animal ramo, con los restos de comida como lentejuelas en el estómago, grabado en cera.

28 de enero de 2016

—Allí —dijo—, entra al poder del poder que te ofrezca un contrato más cómodo que éste: poder comprar la vida de tu hijo con la tuya propia.

El acre del dolor, Isak Dinesen

29 de agosto de 2014

Para escuchar. Felicitación para Avaritus

Chirbit - Felicitación Avaritus - Estefaniag - share audio easily

Texto:
Avaritus, tú no naciste de cualquier manera. Llegaste con la potencia de un planeta a punto de estallar. Saliste disparado como un astronauta, abrazado a ti mismo, gordito rebozado en barro y replegado al final de un cordón por el que hasta entonces habías respirado. Fue como lanzarte desde muy alto al mar. Fiumm, disparado Yo vi a una enfermera de reflejos perfectos atraparte en el aire como el mejor portero de la historia y me doy cuenta ahora de que por eso eres portero, mi firme, serio, belga, apache y divertido Avaritus, mi amor de los espacios siderales, dime, dónde estabas, de dónde has venido, ¿me enseñarás el camino? Felís, felís cumpleaños.

12 de agosto de 2013

Vio indios

En medio del bosque atlántico, profundo, fluvial, blando, misterioso, primitivo, prerromano. Vemos un tronco de un árbol que tan enorme es que sus hojas se pierden en lo alto y no sé su raza o especie o título de cartelito si hubiere. Quiero enseñarle que de un lado hay musgo y del otro no, respondiendo ello a que uno está en un sentido cardinal y el otro en el contrario, pero no recuerdo qué sentido es cuál y este tronco tiene musgo por todas partes.
-¿Cuántos años tendrá este árbol?
Me fijo en que dice árbol y yo no he hablado de árbol sino de tronco.
-No sé. Cien. Doscientos.
-Oh.
-Qué.
...
...
-Vio indios.

14 de junio de 2004

Libertad

Los hijos de los feriantes eran muy mentirosos. Siempre estaban contando cosas increíbles, como que tenían un barco, o que conocían a famosos, o que montaban a menudo en avión. Invitaban a tabaco y presumían porque podían montar en las atracciones todas las veces que querían, gratis. Pero sólo montaban cuando nosotros los mirábamos, para presumir. Había tres hermanos que podían estar toda la noche jugando si les daba la gana. Cuando nosotros nos teníamos que ir ellos se quedaban allí para lo que suponíamos era lo mejor de la noche.
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