Matthew Stone
Mostrando entradas con la etiqueta erotismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta erotismo. Mostrar todas las entradas
20 de febrero de 2019
2 de agosto de 2017
Vírgenes
Setenta vírgenes de rizos entrecanos y gafas se han reunido para renovar su propósito de mantenerse incógnitas durante otro año más. Están contentas alrededor de un viejo al que ni la mitra ensalza. Impenetradas. Miro la foto de las señoras agostadas en rama, sus tobillos gruesos. Pienso que no se lo van a poner difícil.
Pero luego imagino. Otro año más. Otro año más sin conocer eso que el mundo desea y en cuya busca vuelve siempre, animal ciego que horada con la cabeza. Imagino esa piel incólume de las vírgenes ajadas, esos anillos de carne nunca refregados, esos labios que no han sido retorcidos, no han comido, no han hozado. Frutas sencillas sueltas desprendidas enteras a las que el aire no hiere. Imagino. No han gemido de anticipación al ser abiertas por dos manos. No saben del rojo henchimiento, del dulce tragar. Desconocen la crecida y los jugos del derretirse. No saben cómo se cae despacio, muy despacio y deshaciéndose, en otro que en ti entra deshaciéndose, ese amor único. No saben del desvanecimiento en el sin fondo de peces abisales, eléctricos. De las sacudidas.
Imagino la entereza. La angustia de la completud. Espíritus igualmente lisos, inmaculados, cerrados a la penetración y al parto. Sin deseo, y sólo atrofiando el deseo pueden sostenerse esas sonrisas, cómo se camina día tras día. Qué mueve. Se reposa sobre alféizares a ver pasar el mundo, se habla en voz baja con hombres romos, hombres sin brazos, en mañanas y tardes que tienen la textura de una viñeta infantil.
Angustia de la completud. He sido cruel.
Iría a ellas y yo misma las desvirgaría, las ensuciaría de esperma y barro. Todo por acabar con esa tersura, ese desconocimiento de toda caída. Al menos las abrazaría. Les haría sangre. Las mordería. Cómo no romperse alguna vez en la vida, cómo amar sin abrirse, sin romperse para dar entrada, para dar salida.
13 de junio de 2017
Canción de amor de los caracoles
El olor de un ser que siempre ha estado solo, oliéndose a sí mismo en su estancia sin otros,
oliendo su acre mismidad.
y el olor de otro ser solo que sólo a sí mismo ha olido
se encuentran.
Se transforman en caracoles y se aman como caracoles, intercambiando partículas que se desprenden con el rozamiento.
En la siesta llega hasta ellos el olor dulzón de un guiso de carne, un regusto de vino,
y vuelven a amarse
abriéndose y penetrándose de la grandeza de todo lo que tienen por delante.
La despreocupación por la forma, los desayunos orgiásticos de las babosas, los frotamientos de los mil aromas.
5 de enero de 2017
El señor Marcus
¡Es tan sencillo! Desde que conozco al Señor Marcus comprendo mejor porqué tengo que mantenerme dura en ocasiones y porqué en otras ocasiones puedo permitirme deshacerme, como por ejemplo en el otoño, o en los jardines románticos. Pero jamás en la ciudad, o en presencia de extraños que no sean capaces de compartir mi sentido del humor sin haber sido prevenidos con antelación. El Señor Marcus sí supo ver en mí. Entonces yo estaba llena de angustia por no saber aceptar mi odio. Tenía aquellas pesadillas terribles y creía que era una malvada, que había en mí un ser depravado esperando la primera oportunidad para salir. Él supo. Me acompañó a casa de Émile y esperó mientras yo le decía lo que le tenía que decir.
—Émile . No me gusta el olor a medicinas y a meadas que hay en tu casa.
—Eres tan dulce.
—Émile . No te debo nada por un favor que me hiciste sin que te lo solicitara. No me hiciste firmar un contrato. Perjudicaste a otros para hacerme un regalo que no pedí.
—Pero tú eres demasiado dulce…
—Émile . Cada noche sueño que acabo contigo a hachazos, así que es mejor que no vuelva por aquí.
—Oh, mi pequeña, tú eres tan dulce… no puedes decirme esas cosas. Tú aceptaste mi anillo. Yo he hecho mucho por ti.
—Émile . No acepté tu anillo, sólo me diste pena. Tómalo.
—Vienes protegida, pequeña. Eres tan dulce… ¿es ese hombre el que te ha convencido?
—Émile . Eres un gusano.
—¡Yo te he dado todo! ¡No eras nada! ¡Una basura!
Vino hacia mí con su boca babeante. Estaba aterrorizado, porque ahora tendría que dormir solo y sus enemigos vendrían a vengarse, no estando yo allí para protegerlo. La noche era caliente, ya había pasado el invierno de dolor.
Cuando salí de aquel lugar me sentí tan feliz que no sabía qué hacer. Salté y me subí a los árboles, desde donde saludé al señor Marcus mientras decía que a ver si sabía dónde había un monito que lo quería. Yo lo llamé siempre señor Marcus. Él protestaba, pero ni una sola vez dejé de llamarlo así. ¡Amor!
Esa noche nos amamos. En un cuarto vacío hicimos nuestras cosas. Yo escupí sobre mis pechos y él me lamió y también yo lo lamí a él. El señor Marcus siempre se insulta. Habla de sí mismo como “gusano de mierda”. Se llama a sí mismo “el gusano de mierda oledor de mierda”. Fantástico. No tiene nada de eso. Nada. Él es bueno y dulce. Dice que algún día va a escribir algo, no obstante, que pueda depositar con brusquedad sobre una mesa.
El Señor Marcus me llevó al circo y en un momento me escapé y me subí al trapecio. Todo el mundo se reía y al final recibí un aplauso. El Señor Marcus se asustó, pero luego se sintió muy feliz.
—Émile . No me gusta el olor a medicinas y a meadas que hay en tu casa.
—Eres tan dulce.
—Émile . No te debo nada por un favor que me hiciste sin que te lo solicitara. No me hiciste firmar un contrato. Perjudicaste a otros para hacerme un regalo que no pedí.
—Pero tú eres demasiado dulce…
—Émile . Cada noche sueño que acabo contigo a hachazos, así que es mejor que no vuelva por aquí.
—Oh, mi pequeña, tú eres tan dulce… no puedes decirme esas cosas. Tú aceptaste mi anillo. Yo he hecho mucho por ti.
—Émile . No acepté tu anillo, sólo me diste pena. Tómalo.
—Vienes protegida, pequeña. Eres tan dulce… ¿es ese hombre el que te ha convencido?
—Émile . Eres un gusano.
—¡Yo te he dado todo! ¡No eras nada! ¡Una basura!
Vino hacia mí con su boca babeante. Estaba aterrorizado, porque ahora tendría que dormir solo y sus enemigos vendrían a vengarse, no estando yo allí para protegerlo. La noche era caliente, ya había pasado el invierno de dolor.
Cuando salí de aquel lugar me sentí tan feliz que no sabía qué hacer. Salté y me subí a los árboles, desde donde saludé al señor Marcus mientras decía que a ver si sabía dónde había un monito que lo quería. Yo lo llamé siempre señor Marcus. Él protestaba, pero ni una sola vez dejé de llamarlo así. ¡Amor!
Esa noche nos amamos. En un cuarto vacío hicimos nuestras cosas. Yo escupí sobre mis pechos y él me lamió y también yo lo lamí a él. El señor Marcus siempre se insulta. Habla de sí mismo como “gusano de mierda”. Se llama a sí mismo “el gusano de mierda oledor de mierda”. Fantástico. No tiene nada de eso. Nada. Él es bueno y dulce. Dice que algún día va a escribir algo, no obstante, que pueda depositar con brusquedad sobre una mesa.
El Señor Marcus me llevó al circo y en un momento me escapé y me subí al trapecio. Todo el mundo se reía y al final recibí un aplauso. El Señor Marcus se asustó, pero luego se sintió muy feliz.
19 de abril de 2016
Heidi
Ah mi tremenda Heidi de zarzas
Ojos cambiantes como el fuego
Como el agua
Como el surtidor del aire
¿No es la ira la ceniza del bosque
Que existió?
El deseo de declarar mi amor
Me ciega. No puedo callar este vuelo a ti.
Mi Heidi ven deshazte en mi pecho
Yo te acojo para la eternidad
Para el fin de los abismos sociales
Para la caída en lo claro
Yo te acojo y te bendigo
Bellísima Heidi atormentada.
Dime quién soy
Y yo pronunciaré cada día tu nombre.
Ojos cambiantes como el fuego
Como el agua
Como el surtidor del aire
¿No es la ira la ceniza del bosque
Que existió?
El deseo de declarar mi amor
Me ciega. No puedo callar este vuelo a ti.
Mi Heidi ven deshazte en mi pecho
Yo te acojo para la eternidad
Para el fin de los abismos sociales
Para la caída en lo claro
Yo te acojo y te bendigo
Bellísima Heidi atormentada.
Dime quién soy
Y yo pronunciaré cada día tu nombre.
23 de octubre de 2014
Fluidos
Ahora soy mucho más exigente. No iría a un camino con usted. Los cuerpos extraños y sus fluidos me dan casi siempre asco como si pudieran deshacerse al tocarlos, carne muerta contenida en un un fino saco de piel. A ella le había estado observando las rodillas ya no tan frescas, pero de pronto aún amadas, y me había llenado de ternura. Entramos al oscurecer en el refugio que había construido un árbol con sus ramas y un par de setos y la luz de una farola la iluminaba desde atrás. Vi cómo salía, los contornos móviles del chorro deshilado cayendo en tierra húmeda y pensé que nuestra amistad no acababa nunca. Reímos y observamos que en el campo es más agradable, seguro que porque se ha estado aguantando más tiempo, pero también por la limpieza del aire, la oscuridad, el alejamiento momentáneo del barullo de la fiesta, las voces sofocadas. Pero quién sabe. Es usted tan dulce. Quizá con usted, cuando lo conozca, pueda ir a un camino.
8 de agosto de 2014
Quilla
Recuerde que ha aceptado.
Piensa ahora en cómo lo dulce puede ser a veces tan dulce y espumoso, lo sé. Es un mousse de nata perfecta perfecto. Una dulzura que la deshoja y la eleva y la abre como si el aire fuera eso que acaricia al hundir. Luego recuerde que desea ser agua de agosto y que suavemente la hienda una quilla para después lamer usted con su espuma de puerto al sol muy despacio, muy despacio.
Risitas
- Creí que no vendrías, risitas.
- ¿Cuántos años tienes?
- ¿Por qué has venido? ¿Crees en los milagros?
- ¿Qué crees que quiero de ti?
- ¿Vas siempre a ese bar?
- ¿Por dónde sales? Eres muy simpática, seguro que tienes muchos amigos.
- ¿A dónde vas después del sitio del otro día?
- ¿Te ha comido la lengua el gato? ¿Por qué te tapas la cara?
- ¿Y después de ahí a dónde vas? Dime.
- ¿Dónde está tu sonrisa? ¿Ha volado por la habitación? Sonrisa, sonrisa, ¿dónde estás?
- ¿Te entran muchos tíos? Es broma, perdona.
- ¿Estás asustada?
-
- ¿Vas a llorar? No llores, no quiero que llores.
- ¿Porqué has quedado conmigo? ¿Qué creías?
- ¿Eres virgen. pequeña?
- ¿Te gustan los tíos de traje? ¿Te gusta ver la televisión con grandes bolsas de patatas fritas?
- ¿Nunca te has puesto a dieta? ¿Por qué fumas tanto?
- ¿Cómo puedes vestirte así? ¿Dónde compras los modelitos?
- ¿No te das cuenta de cuánto me gustas?
- ¿Alguna vez te han puesto en tu sitio?
- ¿Te ríes cuando te miras al espejo? ¿Te das cuenta de que si no supieras que eres tú te morirías de asco?
- ¿Quieres que quedemos otro día?
- ¿Soñarás conmigo?
- Me voy. ¿Te quedas ahí? No te has tomado tu cocacola.
- ¿Cuántos años tienes?
- ¿Por qué has venido? ¿Crees en los milagros?
- ¿Qué crees que quiero de ti?
- ¿Vas siempre a ese bar?
- ¿Por dónde sales? Eres muy simpática, seguro que tienes muchos amigos.
- ¿A dónde vas después del sitio del otro día?
- ¿Te ha comido la lengua el gato? ¿Por qué te tapas la cara?
- ¿Y después de ahí a dónde vas? Dime.
- ¿Dónde está tu sonrisa? ¿Ha volado por la habitación? Sonrisa, sonrisa, ¿dónde estás?
- ¿Te entran muchos tíos? Es broma, perdona.
- ¿Estás asustada?
-
- ¿Vas a llorar? No llores, no quiero que llores.
- ¿Porqué has quedado conmigo? ¿Qué creías?
- ¿Eres virgen. pequeña?
- ¿Te gustan los tíos de traje? ¿Te gusta ver la televisión con grandes bolsas de patatas fritas?
- ¿Nunca te has puesto a dieta? ¿Por qué fumas tanto?
- ¿Cómo puedes vestirte así? ¿Dónde compras los modelitos?
- ¿No te das cuenta de cuánto me gustas?
- ¿Alguna vez te han puesto en tu sitio?
- ¿Te ríes cuando te miras al espejo? ¿Te das cuenta de que si no supieras que eres tú te morirías de asco?
- ¿Quieres que quedemos otro día?
- ¿Soñarás conmigo?
- Me voy. ¿Te quedas ahí? No te has tomado tu cocacola.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
