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25 de julio de 2024

Santana

Cuando era joven, este día era el inicio del Gran Goce. El día de Santiago, día que precedía a la noche y al día de Santana. Nos fundíamos en la masa y olvidábamos, si alguna vez brevemente la habíamos conocido, la conciencia. Era una disipación del ser que se unía al gran ser de la multitud entregada a la multitud, culebra de mil cabezas. Al amanecer saltábamos juntos entre guirnaldas y nos arrojaban agua desde lo alto, y girábamos, girábamos, girábamos con los ojos en blanco. Rito cumplido, celebración, pueblo. Mi pueblo.

Me pregunto qué sentiría ahora. Probablemente lo mismo, si apareciera allí en medio. Siempre seré una bacante de corazón.

Sin embargo, llegar hasta allí y salir de allí, qué arduo. Ir, quedar, empezar, alcanzar el estado adecuado, regresar, la resaca, el tumulto tras los párpados, en los oídos. El miedo, el rechazo, los recuerdos dolorosos, las asociaciones tristes. ¿Por qué es triste el recuerdo de la felicidad?

La atención está aquí, en el silencio y en los pulsos Theta estos en que me hundo placenteramente.

Afuera, cláxones.

Dentro, yo que débilmente me llamo, con vocecita. Ven, vuelve. Ven, ven que te monte caballito mío…

12 de mayo de 2016

Palacio

Cangas del Narcea. Llamas de Mouro. Palacio de los Duques de Veragua. Siglo XVI.


Que no imagine un palacio palaciego. Que es una casona en ruinas pesada, masa de piedra derruida en partes, imposible de habitar, ciega, triste, un buque hundido en tierra, una excrecencia de siglos irrecuperable.

24 de febrero de 2014

Saltar la valla

No hay muro lo suficientemente alto. 



(...) de amplia y magnífica construcción y había sido creada por el excéntrico aunque majestuoso gusto del príncipe. Una sólida y altísima muralla la circundaba. Las puertas de la muralla eran de hierro. Una vez adentro, los cortesanos trajeron fraguas y pesados martillos y soldaron los cerrojos. Habían resuelto no dejar ninguna vía de ingreso o de salida a los súbitos impulsos de la desesperación o del frenesí. La abadía estaba ampliamente aprovisionada. Con precauciones semejantes, los cortesanos podían desafiar el contagio. Que el mundo exterior se las arreglara por su cuenta; entretanto era una locura afligirse. El príncipe había reunido todo lo necesario para los placeres. Había bufones, improvisadores, bailarines y músicos; había hermosura y vino. Todo eso y la seguridad estaban del lado de adentro. Afuera estaba la Muerte Roja.
Edgar Allan Poe, La máscara de la muerte roja

La imagen, de Guerra mundial Z

El vídeo que he visto esta mañana, tras aguantar la publicidad, y que no olvidaré, de El país: 
http://politica.elpais.com/politica/2014/02/24/videos/1393245288_048141.html



9 de agosto de 2013

Del fuego

Quemé todo. Lo metí en la papelera y prendí fuego. Todo lo que había escrito durante muchos años y arrastraba conmigo ardió en un ritual valiente. Archivos larguísimos de texto sin forma, de masa amorfa. Odiaba la obligación que sentía de volver algún día a leer todo aquello, que había crecido desmesuradamente y que, aun guardando semillas y, seguramente, ideas interesantes, requeriría de muchísimas horas y días y semanas (y ¿meses? ¿años? ¿Y si lo único que hacía a partir de ese momento se reducía a volver una y otra vez a lo mismo, a mi yo pasado, a mis restos, a mis restos de mí?) de trabajo para revisarlo, eliminar la mayor parte y dejar alguna cosa sobresaliente o prometedora.
Los primeros meses me sentía ligera y limpia, lista para comenzar, pero desde hace unas semanas tengo cada vez más clara la impresión de haber perdido algo, una de esas pérdidas frecuentes que no asustan porque sabes que has perdido eso, lo que sea, en casa y que tarde o temprano aparecerá. Constantemente siento que lo voy a encontrar, aquella masa amorfa mía, en una pantalla cualquiera, en un archivo oculto detrás de algún árbol o enterrado en el humus.
Hoy volví a safesync y no pude entrar. Llamé a Irlanda para ver si era posible recuperar la cuenta medio año después. Ni siquiera les dije que previamente había quemado todo. Sé que no podrán. Es un último intento desesperado de... ¿qué? ¡Si estoy aquí, ahora!
Escarbo en las cenizas. Busco algo y no sé qué es. Aquella ligereza ya no la siento. Ahora es pérdida. Pérdida. Personas, personas niños recuerdos lugares lágrimas sueños. Todo muerto.

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