Mostrando entradas con la etiqueta De las cunetas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta De las cunetas. Mostrar todas las entradas

29 de mayo de 2019

Miedo

Ah, el pobre adolescente imaginativo y miedoso intentando luchar contra su miedo.
Qué heroica la lucha contra el miedo. Los que no tienen miedo no saben lo que es ser valiente.
Cómo temblaba mi amor, mi niño hombre de mejilla áspera. Su áspera mejilla de la que afeita una pelusa rubia, su pómulo áspero su amor tembloroso de miedo por el derrame infinito cerebral de la muerte y el enemigo dentro, mi ángel de áspero pómulo de pelusilla afeitada. Qué puedo hacer.

25 de febrero de 2019

Un poema es una piedra

Un poema es una piedra.
Un pisapapeles con tormentas apresadas
o pequeñas caracolas, cuernos de insectos.
Se puede arrojar o poner sobre el estante de la cocina.
Puede ser un regalo o digno de un entierro, una oración,
un condimento, un afrodisíaco, una necedad.
Llorar sobre él es útil.
Golpear tu propia frente con él.


Pero sin bordes no,
no es joya, es soplo sólo y sirve
para refrescar, como una pluma,
como una perreta de niño.

2001

26 de agosto de 2018

Verano 2008

Caminaba mal con las sandalias. Decidí bajar a la arena y quitármelas. Caminé con ellas en la mano a lo largo de la playa hasta la escalera 10, donde me esperaban. La carne de las personas que corrían a veces en pos de una pelotita bajo el sol suave, sus carnes, como olas color arena, se movían. También estaban por allí el viento. El cielo.
Sobre todo el agua.
Me sentí feliz.
Increíblemente pesada. Pegada a la arena. Sobre las patas.
El viejo pensamiento de la fealdad de la gente surgió de nuevo, pero ahora me produce una gran ternura. Somos tan feos todos.
Mi hermana dijo una vez:
-Pero nadie es tan monstruoso como nosotras.
Ternero y Gatito estuvieron escarbando un pozo. Una piscina. Una charca. Su lago. Querían hacer pis y yo les aseguré que su pis en el Océano era tanto como una gota. Tuve que decirles que infinito menos pis igual a cero. Qué más da que no tenga sentido si a mí me sirve. Ternero balbucea siempre de infinito. Sabe que no hay nada mayor, le encanta el infinito, por influencia de su gran hermano, Monito. Me lamieron, revolcándose en su lago. Gritaron.

5 de mayo de 2017

Demasiado yo

Creo que hago bien dejando el blog. Soy demasiado yo. No quiero ser yo. (...) Me ha ayudado exhibirme, me ha afirmado, pero creo que no es bueno para mi evolución como escritora.
(La que viste y se aturde, 2006)

Es decir, antes de las redes sociales, las que matan lo que es sólo mío, lo que no tiene nombre, lo que vive en la noche.
¡He de huir!

5 de enero de 2017

El señor Marcus

¡Es tan sencillo! Desde que conozco al Señor Marcus comprendo mejor porqué tengo que mantenerme dura en ocasiones y porqué en otras ocasiones puedo permitirme deshacerme, como por ejemplo en el otoño, o en los jardines románticos. Pero jamás en la ciudad, o en presencia de extraños que no sean capaces de compartir mi sentido del humor sin haber sido prevenidos con antelación. El Señor Marcus sí supo ver en mí. Entonces yo estaba llena de angustia por no saber aceptar mi odio. Tenía aquellas pesadillas terribles y creía que era una malvada, que había en mí un ser depravado esperando la primera oportunidad para salir. Él supo. Me acompañó a casa de Émile y esperó mientras yo le decía lo que le tenía que decir.

—Émile . No me gusta el olor a medicinas y a meadas que hay en tu casa.
—Eres tan dulce.
—Émile . No te debo nada por un favor que me hiciste sin que te lo solicitara. No me hiciste firmar un contrato. Perjudicaste a otros para hacerme un regalo que no pedí.
—Pero tú eres demasiado dulce…
—Émile . Cada noche sueño que acabo contigo a hachazos, así que es mejor que no vuelva por aquí.
—Oh, mi pequeña, tú eres tan dulce… no puedes decirme esas cosas. Tú aceptaste mi anillo. Yo he hecho mucho por ti.
—Émile . No acepté tu anillo, sólo me diste pena. Tómalo.
—Vienes protegida, pequeña. Eres tan dulce… ¿es ese hombre el que te ha convencido?
—Émile . Eres un gusano.
—¡Yo te he dado todo! ¡No eras nada! ¡Una basura!

Vino hacia mí con su boca babeante. Estaba aterrorizado, porque ahora tendría que dormir solo y sus enemigos vendrían a vengarse, no estando yo allí para protegerlo. La noche era caliente, ya había pasado el invierno de dolor.

Cuando salí de aquel lugar me sentí tan feliz que no sabía qué hacer. Salté y me subí a los árboles, desde donde saludé al señor Marcus mientras decía que a ver si sabía dónde había un monito que lo quería. Yo lo llamé siempre señor Marcus. Él protestaba, pero ni una sola vez dejé de llamarlo así. ¡Amor!

Esa noche nos amamos. En un cuarto vacío hicimos nuestras cosas. Yo escupí sobre mis pechos y él me lamió y también yo lo lamí a él. El señor Marcus siempre se insulta. Habla de sí mismo como “gusano de mierda”. Se llama a sí mismo “el gusano de mierda oledor de mierda”. Fantástico. No tiene nada de eso. Nada. Él es bueno y dulce. Dice que algún día va a escribir algo, no obstante, que pueda depositar con brusquedad sobre una mesa.

El Señor Marcus me llevó al circo y en un momento me escapé y me subí al trapecio. Todo el mundo se reía y al final recibí un aplauso. El Señor Marcus se asustó, pero luego se sintió muy feliz.

23 de diciembre de 2016

Fea

Se volvió tan fea como un charco de nieve derretida. De repente no sé que hizo con su vida pero empezó a meter la pata y se puso fea. Lo tuvo todo en sus manos. Todo lo tuvo la muy imbécil. Podía haber conseguido lo que hubiera querido. Pero se volvió fea como un árbol al lado de una cantera. Yo le dije tendrás lo que desees, tienes 10 años para conseguirlo. Y ella lo tiró todo por la borda. Emitía luz cuando caminaba. Pero estaba contaminada, y no lo vi hasta que fue demasiado tarde. Ahora se ha vuelto fea, fea como una tarde de domingo. Se ha casado con uno del pueblo que tiene una tienda de calefacciones. Me desgarra verla tan fea. No quiero. Me niego a verla tan fea. Cerraré los ojos. Fuera, hija. No quiero verte.

1 de noviembre de 2016

Difuntos

Antes hacía siempre sol en difuntos. Nos perseguíamos entre las tumbas. Nuestras amigas pelirrojas venían desde la lejana ciudad en que vivían y la alegría nos llenaba. Nos veíamos en el cementerio. Nos saludábamos desde nuestras respectivas tumbas y a los dos minutos ya estábamos juntas. Había brisa y cantaban los pájaros. Sonaban algunas toses en medio de la tarde seca.

Íbamos, intentando no hacer ruido, a ver los mausoleos neoclásicos de las antiguas familias ricas de la villa, que parecían pequeños palacios para jugar. Después íbamos a la zona de los niños, que no tenían lápida. Eran sólo unas elevaciones de la hierba, del tamaño de bebés que durmieran de lado, o boca arriba, a veces con una cruz, algunas incluso con una foto. Mirábamos las fechas con ojos asombrados.

El cura daba la misa desde el panteón de Concha Heres, un edificio enorme y de formas onduladas situado sobre un promontorio, al que algunas veces íbamos también a contar historias de terror. Nunca me dieron miedo los cementerios. Yo sólo tenía miedo en mi casa, de noche. Como tú, Monito.

Últimamente siempre llueve en difuntos. Planeo un alegre paseo hasta el cementerio con vosotros, para que juguéis entre las tumbas blancas, pero siempre hay una llovizna espesa flotando a la altura de nuestras cabezas y no puedo ir. Aún no nos hemos acostumbrado al cambio de hora y llega la noche cuando nos levantamos de la siesta y parece que hay que apagar las luces porque el mundo cierra los párpados.

12 de julio de 2016

Amenazas

Tú me esperabas bajo pinos de terciopelo.
Yo tenía las manos ocupadas
susurraba amenazas:

te voy a comer el pie de nata

de melocotón

maldito provocador

tu pie es como un cerdito

y lo voy a devorar

Te voy a comer empezando por los pies.
Te voy a hacer cosquillas hasta que dejes de pedir más y más

y más.

16 de junio de 2016

Lluvia tibia

Hace uno de esos días de ráfagas de lluvia tibia. El sol tan pronto viene como se va y unas nubes de un gris azulado oscurecen de repente el puerto. Cuando se levanta viento los mástiles de los yates y las lanchas hacen un ruido como de poblado africano, como de cuencos de madera que entrechocan. El cajero estaba estropeado y yo tenía que ir hasta el final del paseo marítimo, un par de kilómetros, sin paraguas y sin dinero para un taxi. Pero no tenía frío y eso me reconfortaba. Respiraba bien, por la nariz, y percibía perfume a mar en el aire. Empecé a caminar con demasiada calma para la lluvia que caía. Pero la lluvia no duraba mucho, porque llegaba de repente como una bofetada, como un escuadrón de gotas que me golpearan las mejillas, y luego se iba durante un rato. Sobre el mar las nubes comenzaron a ser blancas y algodonosas. Cuando llegué al cajero saqué dinero y me di la vuelta. Los dos kilómetros de suelo mojado estaban iluminados por un sol rojo.

7 de junio de 2016

Lo que existe

Monito: te preocupa lo que existe y lo que no existe y exiges claridad en mis explicaciones bien: existen los kraken, los calamares gigantes los dinosaurios y los robots asesinos y sí, también existen los fantasmas pero muchos existen en este mundo y muchos en otros mundos pero en este mundo también hay monstruos pero no te pueden hacer nada porque yo mato pero en Fantasía, en el mundo de Fantasía y en las cabezas de la gente y en los libros sí, otros mundos maravillosos entonces tú, con los ojos como platos, entusiasmado, gritas metálico: ¿el niño que mataron en el parque está en esos mundos ahora? ¡a esos mundos voy a ir yo cuando sea un ángel!

3 de junio de 2016

Fósiles

Conviene ser siempre consciente de la tristeza. En cuanto tienes unos días buenos te lanzas montaña abajo y olvidas, siempre olvidas.
La conciencia de la tragedia templa. Te encaprichas de la alegría como un niño y demasiada alegría provoca inconsciencia y vanidad. Hay que caminar de lado y un poco encogido.
Olvidas que una vez viste salir de una boca de alcantarilla un ratoncito muy pequeño. Te lo llevaste a casa, pero te riñeron y te mandaron tirarlo. Lo tiraste a un patio y al estrellarse contra el cemento murió. Durante semanas viste, cada mañana antes de ir al colegio y cada tarde antes de ir al colegio, cómo el ratoncito se iba pudriendo. Al final era sólo un rastro como el de un caracol.
Olvidas que hacía sol y parte del sol quedó con los árboles bajo la tierra. Durante millones de años.
Después un buen día llegó el príncipe encantador y abrió la tierra: allí estaban, erguidos bajo nuestros pies. El tiempo había aplastado el aire entre ellos y lo había convertido en carbón y así, blancos, gigantescos, aparecieron ante nuestros ojos.
Olvidas cuando te metías tras las puertas para llorar, cuando creías que llevaban a tus padres en furgonetas por comunistas, cuando el perro llamado Lagún pasó unos días en tu patio de luces. Representabas a la perfección el papel de amante de los animales.
Olvidas cuando saltabais al infinito. Así lo llamabais, ¿recuerdas? Saltar al infinito.
Era uno de esos pisos de los años 40 donde desayunaban niños obreros antes de que amaneciera y sonaran las sirenas. Había un patio de luces profundo y gris de humedad y hollín. El musgo crecía en las cañerías. Si mirabas hacia arriba veías trozos de cielo: cielo gris o cielo azul, nubes pasajeras, estrellas. Desde la ventana del servicio se salía al patio. En el borde de la ventana os poníais de pie con un espejo en las manos que reflejaba las cuatro paredes grises y rectas y el cielo, luminoso, al fondo del pozo. Saltabais gritando y aparecíais, girando sobre vosotras mismas con las faldas levantadas, en el cielo, donde flotabais como medusas.
Los últimos días de Pompeya en la belleza de una vida. El pequeño animal ramo, con los restos de comida como lentejuelas en el estómago, grabado en cera.

30 de mayo de 2016

Cada noche te leo

Monito:
Cada noche te leo. Anoche perdimos La isla del Tesoro. Desapareció. Así que empecé a leeros El bosque animado. No decías nada, atento como siempre. Cuando tuve que ir a consolar a Gatito, que lloraba en la otra habitación, te levantaste y preguntaste muy serio con tu voz de pífano:
—Pero, en este libro, ¿va a pasar algo y van a hablar o son todo esas tonterías del bosque?
Te gusta escucharme, aunque no entiendas mucho de lo que oyes. Pero necesitas un poco de acción, ¿verdad? Por supuesto, Monito.
Esta noche tendrás acción.

19 de abril de 2016

Heidi

Ah mi tremenda Heidi de zarzas
Ojos cambiantes como el fuego
Como el agua
Como el surtidor del aire
¿No es la ira la ceniza del bosque
Que existió?
El deseo de declarar mi amor
Me ciega. No puedo callar este vuelo a ti.
Mi Heidi ven deshazte en mi pecho
Yo te acojo para la eternidad
Para el fin de los abismos sociales
Para la caída en lo claro
Yo te acojo y te bendigo
Bellísima Heidi atormentada.
Dime quién soy
Y yo pronunciaré cada día tu nombre.

18 de marzo de 2016

Arqueología en gmail

2007, un desaparecido livejournal

Están resecas y crujen, al principio. Nunca creí que hicieran este ruido. Juro que las hay afiladas y chatas como abre-ostras. Las hay redondas y blandas, alargadas y jugosas, ácidas, dulces…
Soy un ser comunicativo. Muy comunicativo. Comunicativísimo.
Decía él: «A mí el deporte me ha salvado muchas veces la vida. ¿Cómo no lo voy a amar, hostia?» Se refería a las incontables caídas, días hilados tobogán abajo, durante toda su vida consciente, metiéndose todo lo que pillara y aullando por las esquinas. Siempre hace deporte como un poseso tras los delirios.Yo digo: «A mí expresarme me ha salvado muchas veces la vida, ¿cómo voy a prohibírmelo?» Porque escribir en soledad, con ambición de hacer algo que pese un poco, no es lo mismo que comunicarse así, sin masticar demasiado. Sintiendo cómo los jugos se nos caen de la boca.
Como no encuentro profesor que me enseñe a hacer mi página web, aprender por mí misma requeriría invertir en ello mis atesorados minutos propios y no encuentro tampoco un mecenas que me la haga porque sí, pues me trago mis palabras, y de momento, vuelvo.
Es lo que he hecho siempre en mi vida, al fin y al cabo: tragarme mis valientes palabras.

tejido
Caminaba por la Gran Vía con Monito de la mano. Cada vez había menos coches, oscurecía a una velocidad excesiva, y la acera por la que caminábamos se llenaba de andamios, como un bosque. Pronto no vimos nada. Todo era negrura. Pensé que habíamos retrocedido en el tiempo y que nos encontrábamos en una noche medieval sin un triste candil. Pero miré a lo alto y alrededor y la negrura era tan densa que me pareció imposible, no natural. ¡Ni una estrella! Nos dimos la mano. Ya no sé si era Monito o Medusa. Empezamos a notar algún movimiento, y nos dimos cuenta de que a nuestros lados pasaban seres parecidos a arañas, que se estrellaban contra los andamios. Por fin llegamos a la esquina. El único humano que vimos fue Firme, que tenía las ropas desgarradas y heridas por la cara y el cuerpo. Se sentaba y se sujetaba la cabeza con desesperación. Nos vio y tomó una estaca. «Agarrad lo que podáis», dijo. «Hay que luchar.»
Después de conseguir vencer algún obstáculo nos encontrábamos en una especie de granja, con molino, verdes prados y pasadizos. Es todo lo que recuerdo.

25 de febrero de 2016

Hijo de puta

Cuando hijo de puta entró en la habitación sentí una hilaridad incontenible y estallé. Es tan delicado, con sus mofletitos rojos.
-Hola, hijo de puta. ¿Qué tal andas? –le dije, haciéndome la campechana. –Ay… -suspiré, como le había visto hacer a él, intentando dejar de reír, suplicando que no hablara.
Sospechaba de mi risa. Siempre sospecha de mí y se pone paranoico, con razón, cuando no puedo dejar de reírme en su presencia. Se pone trascendente, lo cual no hace sino empeorar todo el asunto.
-Bien –y miró al suelo. –Pensando en lo malos que son los humanos unos con otros.
¿Ese hombre quería matarme? Me deslicé al suelo apoyada en la pared, sujetándome la barriga. Dios, hacía mucho que no me reía así. Pegaba patadas al aire. Puñetazos en la pared. Sólo era capaz de decir con un hilo de voz estrangulada: “basta, basta, cállate, hijo de puta”. Le suplicaba, de rodillas, hecha un feto. Ahora se me caían las lágrimas.
-Hay personas que no piensan en las generaciones que nos sucederán.
Maldito sádico. No podía soportarlo más. Me arrastré como pude hasta la puerta y luego escaleras abajo, huyendo de él.
Se asomó a la ventana:
-¡Los objetos no dan la felicidad!
El último ataque tuvo lugar en un charco. Dios mío, cuánto hacía que no me reía así. Vino a mi lado, se agachó y, descubriendo por fin su verdadera naturaleza, me susurró al oído:
-Si pudiera actuar con el cerebro y no con el corazón que se me sale del pecho otro gallo cantaría.
Yo sólo podía rogar, gemir, entre los estertores de mi risa:
-Una ambulancia, una ambulancia –pero me hundía en el agua sucia. Me hundía…
Arriba, el cielo y las siluetas temblorosas de los edificios. –Adiós, hijo de puta…

18 de febrero de 2016

El humor favorable

El humor favorable el clima calmo.

En el carril de lentos uno tras otro

dos viejos con bastón.

Adelantando difícilmente una ancianita

taca taca primoroso de aluminio

último modelo.

A la derecha la parada del autobús.

A la izquierda maniquíes desnudas.

Yo que me escabullo con mi refulgente

sillita todo terreno

y me meto entre ellos

a toda leche.

El niño que se asusta se agarra fuerte.

«Uf, ése sí que pasó cerca».

Un día habrá una desgracia,

loca del volante.

28 de enero de 2016

Palabras prohibidas

"The point about l-o-v-e is that we hate the word because we vulgarized it. It should be taboo, forbiden for many years until we find a newer and a better idea."

Women in love, Ken Russell, 1969 (basada en D.H. Lawrence)

No me gusta D.H. Lawrence, pero esa cita expresa mi pensamiento. La palabra amor debería estar prohibida, junto a otras cincuenta más o menos, cuyo significado se ha diluido hasta el punto en que se prestan más a ocultar que a mostrar, a no decir que a decir. Como mínimo deberían ser censuradas entre recién conocidos, y en público, y en los medios de comunicación. Los políticos y periodistas no podrían utilizar palabras como solidaridad, pobreza o progreso, sino que tendrían que explicar y describir el significado que deseen hacer comprender a los oyentes o lectores. La política volvería al foro. Los políticos tendrían que saber discutir, hablar. Se estudiarían lógica y retórica como asignaturas importantes.


Los niños en las escuelas no podrían decir que quieren paz en el mundo sino que deberían describir qué es lo que quieren; lo cual les resultaría muy difícil, con lo que a lo mejor podrían empezar por querer que papá y mamá dejen de gritarse. Un amante no podría decir te quiero; debería decir quiero pasar a tu lado el resto mi vida, o haces de mí una mejor persona o disfrutaría un buen revolcón ahora mismo.
Mientras tú te caías en la acera
y te golpeabas la nuca
ellos trabajaban.

Mientras tú te despertabas
en camas desconocidas
ellos trabajaban.

Mientras tú te devoras a ti misma
en un pantocrátor de leche
ellos trabajan.

Turbias e iluminadas

Mojar un pie. Calzado. Mojar un pie y reír. Luego entrar hasta la cintura y sentir en las ingles el agua fresca. Las ropas son deliciosas pegadas al cuerpo, piel muerta nuestra y ya no nuestra. Los muslos, las nalgas, la barriga. De pronto nos hundimos hasta el cuello y salimos rápidamente. La piel muerta de las prendas roza los pezones endurecidos. Volvemos a agacharnos y metemos la cabeza bajo el agua. Oh, la cabeza bajo el agua, el mundo desaparecido, la ceguera clara, el ahogo, el tiempo detenido del mar sin tiempo. Estas aguas son turbias e iluminadas y en ellas buceamos como mantas. Esta es toda la música que precisamos.

Chat

...-¿Quién es usted? ¿Cómo ha entrado aquí?
-Tú me pediste amistad.
-Salga inmediatamente o llamaré a la policía.
-Gilipollas.
-Oh, qué lamentable error. Yo no sé quién es usted. Yo no... Usted dice cosas muy feas, como de una cursilería grosera, de una grosería sensiblera.
-Tía, estás enferma.
-Oh, le he ofendido. Discúlpeme. Usted es como es, no puede evitarlo.
-Anda que te den.
-Quédese, se lo ruego. Mire, está oscuro. Todos los bares están cerrados. Solo facebook sigue abierto. Cuénteme algo, cualquier cosa con sinceridad absoluta. Si es así, lo que diga será diamante. Usted, ¿ama?
-Si no me dejas en paz te bloqueo, zumbada.
-No, no se vaya. Diga alguna brutalidad. Una brutalidad es a veces un diamante.
-Adiós.

¡Recomienda este blog!