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3 de abril de 2019

Él

Nos encantaban los colchones de agua, a mi padre y a nosotras, aunque nunca he probado ninguno.
Nos encantaba el puntillismo. Nos enseñó a dibujar árboles, a pintar árboles, haciendo las hojas con puntitos. Algo tan simple y cómo los demás niños se sorprendían, como si fuera magia.
Nos encantaban los Carmina Burana. Perdón: nos encantaba Carmina Burana de Carl Orf, es decir, que fue el primero disco que tuvimos junto al Rock salvaje de Tequila. Los compramos todos juntos en Galerías Preciados al día siguiente de tener instalado el tocadiscos con los enormes bafles. Bailábamos uno y otro, Carmina Burana y rock salvaje, todo salvaje, en el salón con las cinco ventanas abiertas. Papá imitaba movimientos de ballet mientras nos reíamos y mi madre se llevaba las manos a la cabeza. Se veía lo que hacíamos en toda la plaza.
Nos encantaba ver películas de Tarzán porque sabíamos ya disfrutar de sus recuerdos, los de él. Reíamos con Chita porque reía él.
Nos encantaba. Todo lo que hacía.

2 de junio de 2017

Volar

«¡Volar
sobre el parque de la infancia!

Confía.
Yo confío.»

Nuestro padre falleció de madrugada, en paz, rodeado de amor. Vivió una vida plena y fue consciente.
En la foto de abajo, él sostenía la tierra y yo sostenía la tierra. Él hacía la grulla y yo hacía la grulla.
Porque se adentraba majestuoso en el mar, las aguas transparentes, yo a su espalda como una ranita, hasta que perdía de vista la costa, y yo nunca tenía miedo.
Porque le pedía, mi oreja en su pecho, que hablara para que vibrara el mundo.
Porque nos dio la poesía y la belleza, la integridad y la compasión.

Adiós, papá.
Nos vemos en nada.
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