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21 de diciembre de 2023

Anotar el mal

Pero es verdad que escribir no consiste en levantar la mano hacia el cielo. 

Escribir no consiste para nada en bendecir. 

Escribir es bajar la mano al suelo o a la piedra, o al plomo, o a la piel, o a la página, y es anotar el mal.

 

P: Quignard, Las lágrimas, cit. Damiano

12 de mayo de 2023

Eisejuaz



Ángel del anta, haceme duro en el agua y en la tierra para aguantar el agua y la tierra. Ángel del tigre, haceme fuerte con la fuerza del fuerte. Ángel del suri, dejame correr y esquivar, y dame la paciencia del macho que cuida de la cría. Ángel del sapo rococo, dame corazón frío. Ángel de la corzuela, traeme el miedo. Ángel del chancho, sacame el miedo. Ángel de la abeja, poneme la miel en el dedo. Ángel de la charata, que no me canse de decir Señor. Díganme. Vengan aquí; prendan sus fuegos aquí; hagan sus casas aquí, en el corazón de Eisejuaz, ángeles mensajeros del Señor. Ángel del tatu, para bajar al fondo, para saber, cuero de hueso para aguantar. Ángel de la serpiente, silencio. Vengan, díganme, prendan sus fuegos, hagan sus casas, cuelguen sus hamacas en el corazón de Eisejuaz.

***
"Mensajeros del Señor, vuelvan. Vuelvan para que pueda hablar al Señor.” Quedé sin fuerza. Quedé enfermo. Sin fuerza para levantarme, para trabajar en el aserradero. Abajo de un quebracho. Allí vi las arañas y una bandera que habían tejido desde el quebracho hasta el incienso, y allí estaban todas como las estrellas en el cielo. Yo pensé: “¿Irá tal vez a tejerse una tela para mi corazón?” No tenía fuerza, ni pude abrir los ojos. Y lloré. “¿Qué te hice para que me retires tus mensajeros? Ahora me tengo que morir.” Vacío de mensajeros, el corazón se estaba por apagar. Hueca, el alma por irse. Dije: Tanto sufrimiento, mi mujer no puede aconsejarme. Qué te hice yo. ¿Para esto me compraste?” Vi las arañas como pájaros en las lagunas, como pescados que bajaron por el río, todas juntas en la bandera tejida desde el quebracho hasta el incienso. “¿Una red se irá a tejer para pescar a los mensajeros y pegarlos de nuevo en mi corazón?” Pero nadie no me contestó.

27 de febrero de 2023

Una luz poderosa en un mundo agujereado por Mi mano.

El ángel, la nave, el augur. El mago. Todos aliados para el bien de los humildes, los que habitaban los barrios bajos de la ciudad. Aún eran de madera, inflamables en ardores como la imaginación de una joven.

Solo podían rezar y a quién iban a rezar si no a mí, pensaba yo hasta que los vi arrodillarse mirando al cielo, al suyo, no a donde yo estaba, en un plano oblicuo, en una dimensión que ellos no percibían, no podían ver. Rezaban al cielo que yo había dibujado, un cielo sin profundidad, aunque ellos creían verla, la profundidad. Allí, boquiabiertos, daban gracias a la nave, que era pura apariencia sin motor, que solo estaba allí por Mi mano. Incluso el ángel y el mago estaban allí por Mi mano.

Avivé las llamas, que subieron tan alto que se podían ver desde el campanario del confín. Un monje hizo sonar las campanas, pero no había bomberos. Todos corrían sin orden, como zombies, con las manos abiertas en busca de algo esperanzador que hacer, pero no había nada. Se arrodillaban mirando al cielo, a su cielo, sin verme a Mí. No dejaban de hacer lo mismo, no había evolución, ni siquiera las casas dejaban de arder. Todo tenía que hacerlo yo.

Decidí dejarlos descansar. Se me ocurrió matarlos a todos, pero no lo hice. Dibujé una lluvia gruesa de trazos largos, densa, tibia, dulcísima. Todos bajaron las manos. Sus lágrimas se confundían con la lluvia. Se abrazaban. Yo sonreí, beatífica yo. 

 
Daniel Martín Díaz 

7 de agosto de 2022

Océano

El niño lleva agua desde el pozo que ha excavado, el foso de un castillo blando, inestable, que, si te fijas, no parece siquiera un castillo, no es un castillo, es una montaña malfecha, una cosa amorfa y boba, al mar. Se le derrama por el camino y cuando llega a las olitas y vierte el agua, bien poca es. Y vuelve al castillo por así llamar a eso, que ni a cosa llega porque no tiene forma, y empieza de nuevo.
Qué bobo. Mira hacia mí y sonríe orgulloso. Mi mirada abarcadora lo sitúa bien entre el Océano infinito y los hombres, los miles de millones vivos, los incontables muertos. Cuánto tiempo pasará haciendo esto. Déjalo que disfrute sin ser consciente de su pequeñez. ¿Quién es ese niño ridículo, qué delirios de grandeza lo mueven? ¿Qué se cree? Quién se cree.
¿Debo llorar por él, por la intrascendencia de sus actos?
¿O debo jugar con él?

26 de diciembre de 2019

Colma a sus amados en su sueño

Colma a sus amados en su sueño.
He aquí la herencia del señor, sus hijos
su recompensa, el fruto de sus entrañas.


También yo quiero ser colmada en mi sueño.

24 de diciembre de 2019

Poema para el fin de siglo, Czeslaw Milosz

Cuando todo era bueno
y había desaparecido
la noción de pecado
y estaba lista la tierra
en paz universal
para consumirse y disfrutar
sin credos ni utopías,

yo, no sé por qué,
enredado en libros
de profetas y teólogos,
de filósofos y poetas,
buscaba respuestas
crispado, haciendo muecas,
despertando en mitad de la noche,
mascullando al amanecer.

Lo que así me inquietaba
era un poco vergonzoso.
Sería falta de prudencia
y de tacto hablar de ello.
Podría ser, incluso, un atentado
a la salud de la humanidad.

Ay, la memoria
que no quiere dejarme,
ni los seres en ella vivos
cada uno con su dolor,
cada uno con su muerte,
con su terror.

¿Y dónde estaría la inocencia?
¿En las playas de un paraíso terrenal?
¿En el inmaculado cielo
sobre la iglesia de la higiene?
¿Es acaso porque hace ya
tanto tiempo...?

Según un cuento árabe,
Dios dijo, con un poco de malicia,
a un santo:
“Si yo hubiera mostrado a la gente
el pecador tan grande que eres,
no te alabarían”.

“Y si yo”, respondió aquel hombre pío,
“les mostrara lo compasivo que Tú eres,
no pensarían más en ti”.

¿A quién podría hablar
de este sombrío asunto
del dolor y la culpa
en la arquitectura del mundo,
si tanto aquí abajo
como arriba en las alturas
no hay poder que refute
la causa y el efecto?

No pienses en ella, no recuerdes
la muerte en la cruz,
aunque cada día Él muera,
el único, el todo amor,
el que concibió y permitió
que todo lo que es exista,
hasta las garras de tortura.

Absoluto enigma.
Intrincada concepción.
Mejor dejar aquí la charla.
Este lenguaje no es para la gente.
Benditas sean la alegría,
las vendimias y las cosechas.
Aun si no todos tenemos paz.



Czeslaw Milosz, en mi versión cero polaco, interpretación, pobre intento

13 de marzo de 2019

Temperley

No insisto más.
El que tenga ojos que vea.
El que tenga oídos que oiga.

Héctor Viel Temperley es más que humano.

°°°

Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura de mariposas: Mi madre
vino al cielo a visitarme.

Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas.
Soy feliz. Me han sacado del mundo.

°°°

Y yo lloro porque existe la belleza, a pesar de todo y entre todo.

9 de marzo de 2018

Súplica



¡Oh, Dios mío!
Dame un corazón puro y un alma vigilante.
Libérame de mí misma
y permite que me acerque a Ti.

('Abd-ar Rahman Jami, Yami)

12 de agosto de 2017

Los dioses y los budas




He soñado que los dioses se habían reunido encima de esta casa.
Puedo oír sus voces.
¿No es acaso un bendito acontecimiento?
Los dioses y los budas no me abandonarán. Es algo casi demasiado bueno como para ser verdad.

(El abuelo agonizante en Diario de mi decimosexto año, relato de La bailarina de Izu, de Yasunari Kawabata.)
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