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28 de diciembre de 2017

Traición

Me preguntaron esta tarde cuántos hijos tenía.

Dije: «Dos».

No sé qué fue. No deseé tanta violencia. Era una situación ligera. Social.

Traición.
Traición.
Lloro de traición.

Tres. Tengo tres.
Tengo tres.

10 de septiembre de 2017

Mi amor ha venido a mi

Mi amor ha venido a mí. Lo llamé yo con un estúpido truco, una especie de sortilegio que, sorprendentemente, funcionó. Oí su voz en la habitación de al lado.
Era más alto y más delgado, pero tenía el pelo tan corto como la última vez. Decía: ¿dónde has estado? Me observaba con tristeza y cierta desconfianza, pero luego, en el abrazo, nos fundimos. No puso reparo. Tenía rizos rubios entonces y su peso era perfecto. No se puede imaginar. Qué felicidad loca.
Pero había prisa. No perdí el tiempo en preguntas inútiles sobre la existencia y la muerte. Sólo quería volver a verlo. Insistí. Quería certezas. Él parecía casi resignado. Cansado. Yo no cabía en mí de felicidad. Lo entreveía, no lo reconocía de continuo. Siempre que lo veo está así. Un poco triste, un poco zombie. Verdoso. Con ojeras. Qué esfuerzo reconocerlo. Así, como si saliera del fondo un instante y abriera los ojos mirando al cielo para volver a hundirse, verlo, saber que es él. Felicidad. Abrazo. Cuerpo. Manos en mi cara, mejilla en mi cuello. Incluso hablaba: ¿Dónde has estado? Giros, giros. Abrazo, abrazo.
Tenía su palabra. Creía que podría, sí. ¿En un mes? Sí. Eso creía. Sabia mucho más de lo que decía. Estaba ocupado, pero para mí hubo compasión y, aun más, amor. No sólo resignación y pasividad, no. Él me quiere. ¡él me quiere! Él es mío y yo soy suya. Tenía su abrazo. Aún lo tengo. Es todo lo que quiero.     

1 de noviembre de 2016

Difuntos

Antes hacía siempre sol en difuntos. Nos perseguíamos entre las tumbas. Nuestras amigas pelirrojas venían desde la lejana ciudad en que vivían y la alegría nos llenaba. Nos veíamos en el cementerio. Nos saludábamos desde nuestras respectivas tumbas y a los dos minutos ya estábamos juntas. Había brisa y cantaban los pájaros. Sonaban algunas toses en medio de la tarde seca.

Íbamos, intentando no hacer ruido, a ver los mausoleos neoclásicos de las antiguas familias ricas de la villa, que parecían pequeños palacios para jugar. Después íbamos a la zona de los niños, que no tenían lápida. Eran sólo unas elevaciones de la hierba, del tamaño de bebés que durmieran de lado, o boca arriba, a veces con una cruz, algunas incluso con una foto. Mirábamos las fechas con ojos asombrados.

El cura daba la misa desde el panteón de Concha Heres, un edificio enorme y de formas onduladas situado sobre un promontorio, al que algunas veces íbamos también a contar historias de terror. Nunca me dieron miedo los cementerios. Yo sólo tenía miedo en mi casa, de noche. Como tú, Monito.

Últimamente siempre llueve en difuntos. Planeo un alegre paseo hasta el cementerio con vosotros, para que juguéis entre las tumbas blancas, pero siempre hay una llovizna espesa flotando a la altura de nuestras cabezas y no puedo ir. Aún no nos hemos acostumbrado al cambio de hora y llega la noche cuando nos levantamos de la siesta y parece que hay que apagar las luces porque el mundo cierra los párpados.

7 de junio de 2016

Lo que existe

Monito: te preocupa lo que existe y lo que no existe y exiges claridad en mis explicaciones bien: existen los kraken, los calamares gigantes los dinosaurios y los robots asesinos y sí, también existen los fantasmas pero muchos existen en este mundo y muchos en otros mundos pero en este mundo también hay monstruos pero no te pueden hacer nada porque yo mato pero en Fantasía, en el mundo de Fantasía y en las cabezas de la gente y en los libros sí, otros mundos maravillosos entonces tú, con los ojos como platos, entusiasmado, gritas metálico: ¿el niño que mataron en el parque está en esos mundos ahora? ¡a esos mundos voy a ir yo cuando sea un ángel!
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