9 de abril de 2025
Menudos orientales perfeccionistas deben elegir para meter los bastoncillos en sus cajas. Absolutamente perfeccionistas, si se puede decir. Están tan ajustados que no sobra un milímetro entre el borde de ninguno y el interior de la pared de cartón. Colocan ex ac tamente los extremos algodonosos uno sobre otro, exac tísimamente, y, lo peor, los fustes o palitos o… Como si en una serrería estuvieran los troncos ahí bajo la lluvia y cubiertos de verdín y todo pero perfectamente ordenados. Como esos bosques de repoblación, tan poca cosa que ni bosques se pueden llamar. Como los manojitos de pelos injertados en el frontal del cajero. Todo lo no natural es así de simétrico. Los troncos de los bastoncillos, ¡ay!, están casi perfectamente paralelos o sea paralelos vete a saber si perfectamente que hay quien dice que es imposible la perfección en el paralelismo o paralelaje uno y otro y otro y venga y otro como un bosque tumbado apretado y oscuro. Inconcebible el tipo de ser que requiere esa perfección. Da miedo, si te paras a pensarlo.
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